Guardián de las iguanas, una misión voluntaria

Sociedad 06/12/2017 12:20 Yuridiana Sosa San Juan Bautista Tuxtepec, Oaxaca Actualizada 12:20

Desde hace 6 años Agustín ha alimentado a los ejemplares que viven entre contaminación; busca más apoyos para su conservación

Fotos: Yuridiana Sosa / EL UNIVERSAL

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La ribera del arroyo Moctezuma, alimentado por aguas negras y residuales, es el hábitat para una comunidad de alrededor de 200 iguanas verdes que lucha por sobrevivir tanto de sus depredadores como de condiciones ambientales adversas. La urbanización ganó la disputa por el  espacio, por lo que ahora estos reptiles deben adaptarse a vivir sobre las bardas, banquetas y tuberías de casas, edificios comerciales y hasta de la Unidad de Medicina Familiar número 64 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), construidas en el margen de este afluente.

En el bulevar Benito Juárez, en el puente del arroyo que desemboca en el río Papaloapan, es posible admirar la enorme figura de un macho de piel naranja brillante y larga cola. El ejemplar  descansa sobre ramas de árboles secos o en los pasillos de la clínica familiar, cuyos extensos ventanales se convirtieron en el escaparate ideal para observar a esta especie que nadie se había interesado por salvar.

Detener la extinción

Al percatarse de la poca presencia de estas iguanas en la zona, desde hace seis años, Agustín Hernández González decidió comenzar a alimentarlas.  Él es enfermero en la clínica del IMSS, desde donde observó la reducción de la especie y el bajo peso de los ejemplares.

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“Vi que se extinguían, había posiblemente unas 10 y  sin pensarlo mucho me propuse ayudarlas a sobrevivir”, dice.

Para esta labor, el ambientalista formó el comité voluntario Protegiendo con Alimentos las Iguanas del Seguro Social (PAISS), a través del cual recibe apoyo en especie de algunas verdulerías.

Cada tercer día, el enfermero les lleva restos de verduras como hojas de col, chile, tomate, entre otros vegetales que los comerciantes donan para alimentarlas. 

Seis años después, Agustín se siente orgulloso de su aporte, pues ahora contabiliza la presencia  de unos 200 reptiles, entre hembras y machos, los cuales alcanzan a medir entre dos y tres metros de largo, y tienen entre cuatro y seis kilos de peso.

Durante dos gobiernos municipales anteriores, Agustín solicitó a las autoridades su apoyo para la creación de un iguanario para rescatar a esta especie, pero no obtuvo respuesta alguna. “El desinterés de los funcionarios no me ha desanimado, me ha motivado a seguir”, refiere.

Para cumplir con su labor ha optado por la recolección y venta de cartón y botellas de plástico para solventar el gasto de la gasolina para el traslado del alimento.

Las iguanas que protege Agustín sobreviven en un paraíso de aguas negras. Sobre el puente del arroyo Moctezuma es visible la descarga de desechos residuales que caen como cascada a la rivera.

De acuerdo con el gestor de proyectos ambientales, Luis Ángel Pérez Escamirosa, son cuatro las colonias que ocupan como drenaje sanitario el canal del arroyo. Este afluente tiene su nacimiento a unos ocho  kilómetros del punto donde habitan las iguanas, que se encuentra a menos de un kilómetro de su desembocadura al río Papaloapan.

El ingeniero detalla que pese al estado que guarda el agua con heces fecales, orina, aceites, desperdicio de comida y otros desechos insalubres, no existen indicios de estudios sobre el grado de contaminación de este afluente. Especialista en proyectos hidráulicos, Pérez Esamirosa apunta que para ayudar a sanear este espacio es preciso redireccionar la descarga y construir colectores de aguas que lo conduzcan a la planta tratadora de  la ciudad.

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“Tan sólo dejar que el agua corra tal como nace será de un gran beneficio para el medio ambiente”, expresa. Aunque parezca contraproducente, el ambientalista reconoce que las condiciones del hábitat de las iguanas “del Seguro Social” se volvió en una barrera natural que las protege, pues  evita la cacería del ejemplar.

Pero ni eso garantiza la permanencia de las iguanas verdes, pues con la pérdida de su hábitat también aumentó el número de depredadores. Aunque Agustín, el enfermero guardián, calcula que al año podrían nacer tres mil crías, entre tlacuaches y gatos que habitan en casas aledañas acaban con los huevos. De 70 huevos, sólo sobrevive uno o dos, precisa el ambientalista.

Por ello, Agustín, a quien las iguanas ya reconocen, pide ayuda a escuelas, organismos ambientalistas o autoridades para salvarlas, pues dice que se han convertido en un símbolo para los tuxtepecanos.

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