Pescadores ikoots: del mar al telar de cintura

Desde los seis años, niños y niñas aprenden el tradicional oficio, el cual los hombres ocupan cuando escasea la pesca

Sociedad 08/01/2020 08:42 Roselia Chaca San Mateo del Mar, Oaxaca Actualizada 13:00

Cuando el reloj marcó las cinco de la madrugada del segundo día del año, Arturo y su hijo Sebastián partieron rumbo al mar cargados con sus cestos y atarrayas. Durante varias horas  curtieron sus cuerpos en sal hasta conseguir medio cesto de pequeños peces para el sustento familiar.

Después de entregar la cosecha del día y descansar, padre e hijo se sientan en el patio del hogar y atan a un poste de madera el telar que tejen desde hace un par de meses. Cerca de ellos, las dos nietas de Arturo Villasente Samoniaga: Brisa Janet, de seis años, y Adriana Yamilet, de siete, hacen lo mismo.

Tejer es un oficio familiar en esta vivienda de San Mateo del Mar, todos comienzan en la niñez.

Al igual que sus sobrinas, Sebastián, ahora de 27 años, recuerda que comenzó a los seis y su primer dibujo en el telar fue un animal que le salió chueco; aun así, su madre logró venderlo. 

De Victoria Villaseñor Oviedo, su madre, Sebastián aprendió a utilizar bien las ocho varas que atraviesan los 600 hilos que debe de llevar una pieza.

Desde niño sabe las partes del telar: desde la cabeza, que se sujeta a un mecate atado a un árbol o a un poste de madera, hasta el machete, que es una tabla plana que tiene la forma de la herramienta y que sirve para comprimir los hilos. 

De niño veía a mi madre tejer, pero nunca tuve la necesidad de hacerlo

Sebastián sabe también que el  telar llega a medir desde el poste hasta el tejedor, normalmente de dos a tres metros de largo. Conforme avanza en el tejido va enrollando el telar y la longitud se acorta hasta terminar. Las tejedoras y tejedores ikoots (huaves) se sientan en pequeñas sillas, antes se sentaban en el piso, debido al calor trabajan en sus patios. Para mantener el telar firme lo atan a una faja que colocan en la cadera. 

Arturo y Sebastián forman parte de una docena de hombres ikoots que se dedican al telar de cintura en San Mateo del Mar, esta tripa de tierra que abraza un océano y una laguna, una población indígena cuya lengua es considerada huérfana, porque no tiene ningún parentesco con ninguna otra en el mundo, por lo que el día que se deje de hablar se perderá.

Aquí, tejer telar de cintura era exclusivamente un oficio de mujeres hasta hace dos décadas, cuando empezó a escasear el producto del  mar y otros trabajos en zona.

Entonces, algunos hombres decidieron ayudar a sus esposas en este pesado oficio, ante el aumento de la demanda de los telares en el exterior.

“Yo soy pescador de tiempo completo, también electricista, pero cuando escasea el trabajo y la pesca me dedico a tejer. En mi casa todos tejemos, hasta mis nietas y también mi nieto lo aprenderá cuando tenga seis años.

“De niño veía a mi madre, pero nunca tuve la necesidad de hacerlo, luego aprendí más con mi esposa hasta lograr dominar la técnica”, explica este ikoots de 57 años. 

En este municipio de 14 mil habitantes, 68%  de los pobladores  (11 mil personas)  están en un grado de marginación muy alto, según el informe del  Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), así que esta actividad  es una fuente de empleo muy bien remunerada cuando se trabaja en equipo, como lo hace la familia de Arturo.

Al ser un oficio de mujeres en San Mateo del Mar, las críticas y las burlas para los pocos hombres que tejen están de manera constante, pero con el tiempo dejó de importarle a Sebastián y a su padre.

“Sí hay burlas, pero no les hacemos caso, esto nos da de comer y es honorable, es un trabajo que combinamos con el mar. En el telar tejemos lo que pescamos, como  cangrejos y camarones”, detalla Arturo mientras muestra sus animales marinos en unos rollos de servilletas.

Los tejedores y tejedoras de San Mateo del Mar tienen normalmente una jornada de ocho horas,  para concluir una blusa tardan entre dos y tres meses, dependiendo de los dibujos. Sus telares llegan a venderse hasta en 5 mil pesos y la capital del estado es el mejor mercado que poseen, ya que  ahí   sus productos son valorados.

Al ser  una etnia que gira alrededor del mar, es muy común que en sus artesanías y ropa los ikoots reproduzcan elementos marinos, como peces, camarones, cangrejos, delfines, caracoles, tortugas y  hasta sirenas; sin embargo,  también están presentes otros elementos como los chimpancés, las estrellas, las flores y las grecas prehispánicas.
 

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