Ecoescuelas: Niños oaxaqueños aprenden a proteger su paraíso

Sociedad 08/12/2019 10:14 Actualizada 21:04

Organizaciones impulsan, desde 2016, el proyecto con primarias de esta Área Natural Protegida para inculcar el cuidado de su paraíso

Manglares. Lagunas. Islas. Playas. Un paraíso. Vivir dentro del Parque Nacional Lagunas de Chacahua, en la Costa de Oaxaca, podría definirse así: vivir en un paraíso donde la naturaleza ocupa hasta donde la vista alcanza.

Y donde se podría pensar que el cuidado del ambiente es el eje que rige la vida comunitaria. Pero no, también cuidar el paraíso es algo que se aprende.

Eso es   lo que hace Yael Mejía, un niño de 10 años que vive rodadeado de esta naturaleza:  “Hemos aprendido a hacer huertos, a sembrar, a hacer mazapanes, quesos y a dibujar”, dice montado sobre una balsa construída  con artículos reciclables,  en cuya elaboración participó junto con sus compañeros de escuela y profesores.

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Foto: Edwin Hernández

No es el único. En otros áreas de la escuela Ignacio Zaragoza ubicada en La Pastoría del Bravo, agencia municipal de Villa de Tututepec en la región Costa de Oaxaca, niños y niñas aprenden  a reciclar  papel, a  elaborar bolsas y dulces, y hasta a  sembrar legumbres.

Son  75 alumnos de seis   primarias     que participan en un campamento que forma parte de un proyecto de la asociación civil Ayuda en Acción, que busca  impulsar el desarrollo humano  mientras les inculcan conocimientos para el cuidado de su entorno. El nombre  no podría ser otro que el de Ecoescuelas.

“También aprendimos de los contenedores de basura y  del medio ambiente. Me ha gustado más nutrición infantil”, continúa Yael sobre su experiencia en el campamento.

Estrategia contra la violencia

Las Ecoescuelas son un proyecto que surgió hace tres años y que actualmente  se desarrolla con 418 estudiantes de  seis primarias, todas  ubicadas dentro del Parque Nacional Lagunas de Chacahua. Con ellas  se busca sembrar  autoestima en los niños y niñas,  confianza en sí mismos, innovación y, sobre todo, el amor al cuidado del medio ambiente.

En el desarrollo de este programa con visión ecológica también participa el  Fondo Oaxaqueño para la Conservación de la Naturaleza,  asociación civil dedicada a la preservación del medio ambiente y los recursos naturales, y  que trabaja en la línea costera, lo mismo con el rescate de nidos de tortugas que con proyectos sustentables de turismo comunitario.

En realidad, el nacimiento de las Ecoescuelas es un traje hecho a la medida. Se creó como una forma de impulsar  a  menores de edad que  se desenvuelven en un contexto de violencia, baja autoestima y en el que, por sus condiciones económicas,  algunos son obligados a trabajar desde niños para contribuir a los ingresos familiares.

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Foto: Edwin Hernández

El antecedente del proyecto data de hace  cuatro años, cuando  miembros de  Ayuda en Acción se propusieron trabajar con niños afrodescendientes de las comunidades enclavadas en las Lagunas de Chacahua, Área  Natural Protegida escondida en  el litoral oaxaqueño.

El primer paso fue un diagnóstico. Encontraron una baja autoestima en los niños,  desbalance emocional y social, y una violencia tan normalizada que incluso eran incapaces de detectarla. Los estudios previos abarcaron el conocimiento del entorno social, incluidas  autoridades, padres de familia y profesores, entre otros.

“[Encontramos] niños muy golpeados, que son insultados, que son llamados ‘burros’ y que viene, lamentablemente, de la madre, que ellos ven como la figura más poderosa en su casa. La figura del padre no existe, a pesar de que está, no hace presencia”, dice  Lidia García Espinoza, integrante de Ayuda en Acción y coordinadora del proyecto Ecoescuelas en la Costa de Oaxaca.

El diagnóstico sicopedagógico reveló tres problemas graves:  baja autoestima en niños, balance emocional y ajuste social. “Nos dimos cuenta que la violencia es normal para  ellos, no la saben detectar y sí es un foco rojo. Hay tanta violencia familiar, verbal,  física y  emocional que para ellos es hasta normal esa parte”, completa.  

Tras la realización del diagnóstico, se encontró también que la escuela no es algo “importante” para los padres de familia. Al ser originarios de  comunidades que viven de la visita de turistas,  le dan más importancia a mandar al niño como “mano de obra barata”, porque que trabajan también para proveer en  casa.

“En las vacaciones siempre entran 15 días después o se van 15 días antes  por el turismo, porque piensan que así es la vida; crecen con esa idea. Los padres dicen ‘me sirves más mesereando, vendiendo cacahuates, que yendo a la escuela’. Entonces, los niños, aunque les guste la escuela y aprender,  saben que son necesitados por sus padres para trabajar”, explica Lidia.

La coordinadora del proyecto dice que luego de conocer el entorno de los niños, comenzaron a trabajar “con la persona” y a realizar actividades para fomentar el desarrollo humano con los alumnos, los padres y  los profesores.

“Al principio, se llamaba Niños y Niñas Construyendo en la Costa Oaxaqueña, pero cuando vimos que era importante introducirles la cuestión ambiental y el trabajo con la naturaleza, anclamos lo que ahora se llama Ecoescuelas, porque tenemos tres ejes: vínculos solidarios, dimensiones educativa y acciones de confianza”, explica.

Salir del paraíso  

Por ello, las  Ecoescuelas quedaron definidas como  talleres complementarios a los planes educativos de los profesores, que no implican mayor trabajo para ellos, sino que funcionen como “laboratorios” para mejorar los contenidos de los planes de estudios.

Uno de los talleres es el de Medio Ambiente, en el que aprenden a reciclar y reutilizar  PET o plástico en artículos que puedan ser útiles para sus actividades cotidianas. Otro es Mi Tiendita, en el cual  les enseñan a elaborar artesanías con  materiales  que nacen en la región.

Un tercer taller es el Laboratorio de Nutrición Infantil, en que los niños aprenden sobre su alimentación y salud, pero además a elaboran alimentos más sanos a partir de cacahuates,  tamarindo y otros productos nativos de las lagunas. Todo lo que elaboran es para autoconsumo, pero   incluso lo  pueden comercializar.  En  el taller  de Eco Huertos les enseñan a sembrar sus propios alimentos, por ejemplo, hortalizas.

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Foto: Edwin Hernández

“Estos laboratorios son la parte de innovación, por lo social. No es un área muy grande, son comunidades que están lejanas, son parte del parque nacional. Son lagunas, son islas y para que los niños salgan a conocer estas actividades o este tipo de enseñanzas, les cuesta muy caro. Un niño para salir de su isla requiere 500 pesos mínimo, sólo para entrar y salir. Siendo hijos con cuatro o cinco hermanos, para los padres es difícil financiarlo”, dice Lidia sobre la labor que realizan,  la cual  define como “acercar este tipo de talleres a sus escuelas”.

Los próximos guardianes

Todo el trabajo con los 418 niños  de las seis escuelas de las Lagunas de Chacahua se realiza durante un año y  culmina con el  campamento en el que Yael  elaboró una lancha con materiales reciclados.

En este tercer año consecutivo del campamento, además de los talleres, se realiza una actividad en la que los alumnos  recorren estaciones y en cada una  deben responder preguntas sobre medio ambiente  para poder avanzar a la siguiente,  hasta que finalmente llegan a la etapa de probar la balsa.

“Una cosa es importante,  no trabajamos para generar competencia entre los niños, nuestros valores son de justicia, trabajo en equipo, confianza, porque esos valores  no existían aquí: ‘me pegas, te regreso el golpe’, era su forma de comunicarse y piensan que está bien herir a los demás”, precisa Lidia García.

Agrega que, incluso, como parte del  enfoque de desarrollo humano, se les dan clases de yoga y  próximamente se entregará una certificación a los profesores de Educación Física que los avale en  esta disciplina.

“Nuestro objetivo es impulsar a  niños innovadores, creativos, pero sobre todo, felices. Y que amen a la madre tierra, que sepan qué tan importante es para sobrevivir. Son las generaciones futuras”, finaliza la coordinadora de las Ecoescuelas, donde se forman los próximos protectores del paraíso.

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Foto: Edwin Hernández

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