Morro, artesanía oaxaqueña y ecológica, en extinción

El fruto de este árbol, que es usado como herramienta y tiene propiedades medicinales, está en riesgo debido al drástico descenso de esta especie en la región del Istmo

Foto: Roselia Chaca
Sociedad 10/11/2019 18:19 Roselia Chaca Barrio La Soledad, Oaxaca Actualizada 13:47

Del centenario árbol sembrado en el patio de su vivienda,  William  Velásquez arranca  un fruto verde semiesférico que no rebasa los 10 centímetro de diámetro, toma un pequeño serrucho y comienza a cortar la dura corteza, dentro está una masa  blanca de consistencia semileñosa con sabor semidulce conocido entre los zapotecas  como Bitu xiga (Morro).

El árbol de morro existe en todo Mesoamérica y el Caribe, pero  en el Istmo de Tehuantepec está en extinción, a pesar de que siempre estuvo presente en la vida diaria de los grupos étnicos que conviven en la zona como medicina, utensilio, juguete y artesanía.

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Foto: Roselia Chaca


Función artesanal

En el pueblo de Congregación Almoloya, agencia del Barrio de la Soledad de  la zona norte del Istmo de Tehuantepec, vive  el artesano ecologista  William  Velásquez, quien desde su  taller promueve el uso del morro de tamaño mediano como jícara para tomar pozol, café o agua y, el pequeño, como medida para café o algún grano,  así como para degustar  mezcal, pero sobre todo como artesanía o bisutería.

William se dedicó por muchos años al servicio turístico lejos de su tierra, hasta que regresó al pueblo y se encontró con la terrible invasión del plástico, por lo que emprendió una campaña con niños para recuperar primero el río que los alimenta, para luego centrarse en el  uso de la jícara de morro y los utensilios de barro en las fiestas patronales, que con el tiempo fueron sustituidos por el unicel.

“La jícara del morro es un material fresco, tiene la virtud de que al enjuagarse se  le quita los sabores de comida y bebida, aquí no se adhieren los sabores”, explica.

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Foto: Roselia Chaca

Este ecologista recuerda que hasta hace 20 años no existía una sola casa que no tuviera por lo menos dos árboles de morro sembrados en el patio, hoy es raro verlos, él mantiene sólo uno de más de 100 años, del cual obtiene dos veces al año entre 40 y 50 frutos por temporada; la primera de  octubre a noviembre, la segunda de febrero a mayo.

Este artesano ha investigado a profundidad el fruto, sus usos y propiedades,  así que de memoria se sabe los nombre científicos de las  dos variedades; crescentia alata y crescentia cujete. En la parte baja de la planicie zapoteca se conocen como: morro jícara (las grandes) y morro llano (las pequeñas de cuatro a cinco centímetros).

Desde  hace cinco años, William le encontró al morro el uso artesanal, por lo que elabora con ellas desde objetos decorativos con la iconografía de las flores tradicionales de la vestimenta femenil  zapoteca hasta lámparas labradas, que oferta a precios que van de los 20 hasta los 800 pesos tanto en ferias artesanales o en redes sociales.

Gracias a la organización Yoo Beñe, que se formó en Asunción Ixtaltepec después del sismo del 7 de septiembre del 2017 para apoyar a artesanos a reconstruir su economía, está preparando su primera exportación de  productos a la tienda de Artesanías Oaxaqueñas en McAllen, Texas, a través de la Fundación de las Culturas  Oaxaqueñas.

Como parte de una iniciativa ecológica, William empezó a reproducir la planta en su pequeño vivero para que se empiece a reforestar la zona, además promueve que por lo menos nuevamente cada familia tenga uno de estos árboles sagrados en su patio.


Proceso

Si lo que se busca es que el fruto sirva como plato de comida o para bebida se utiliza la variedad más grande,  por lo que  se espera que madure entre cinco o seis meses para que tenga una  resistencia de  hasta 100 años de durabilidad.

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Foto: Roselia Chaca

Si es para uso artesanal, con tres meses en el árbol basta. Se cosecha cuando el fruto tiene un color verde mate. Después se deja sazonar dos días para que no se rompa; se parte con serruchos y se quitan las semillas, pero se le deja una protección de nueve centímetros de pulpa, luego se deposita en ollas con agua hirviendo por media hora, se extrae y se remueve la protección, la última etapa es el secado.

“Si se requiere tener un utensilio para cocina más blanco, porque después del cocido adquiere un color café claro, se utiliza ceniza y se logra el blanqueado. También tenemos un secado más rápido que no requiere cocido, pero es más para objetos artesanales; se corta, se extrae la pulpa y se deja secar al aire, el color es obscuro, pero no está curado para que se beba y se coma en ella”, explica William.

El pintado o grabado de figuras le toma a William varias horas al día debido a la práctica, pero a sus alumnos en los talleres es más lento. Al año llega a crear alrededor de 2 mil 500 piezas artesanales del morro.


Uso medicinal

En Juchitán, el fragmento de la corteza del fruto seco  es utilizado por los alfareros para darle forma a sus ollas y hasta para pulirlos, aún existen artesanos que elaboran con los frutos más pequeños un juguete rústico que se parece al trompo llamado Xiga bizunu, pero se le coloca un soporte  de madera y se le cuelgan dos piedritas para que haga ruido al girar.

La  médico tradicional Isabel Jiménez Salinas tiene identificado en todo Juchitán menos de 10 árboles de morro. Prácticamente en la zona están en peligro de extinción.

“Antes se lograban ver en casi todas las casas, con el tiempo la gente los empezó a tirar porque no le veían un uso, cuando es un árbol sagrado para nosotros, pues es curativo su fruto, su corteza y sus hojas. En el campo también era fácil localizarlos, pero con el acaparamiento de los parques eólicos de nuestros espacios verdes también se perdieron. Ahora sólo tengo identificados como seis en todo Juchitán”.

Con sus conocimientos sobre herbolaria, esta zapoteca elabora el jarabe de morro con la variedad pequeña (morro llano)  para atacar el asma y  bronquitis.

Para lograr el jarabe realiza una mezcla de la pulpa con ocote, la salvia real, eucalipto, árnica y polvo de caparazón de armadillo, además de endulzarlo con miel de abeja y azúcar. También se puede lograr un tónico para la tos crónica.

Para los golpes se utiliza la pulpa como cataplasma y en té las hojas para tratar los golpes internos o golpes en los pulmones.

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Foto: Roselia Chaca

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