Embarazo adolescente, pie a muerte materna entre mujeres indígenas y causa de desigualdad

Continúa arraigado en comunidades: 54% de hablantes de lenguas originarias fueron madres en su adolescencia

Embarazo adolescente, pie a muerte materna entre mujeres indígenas y causa de desigualdad
Ilustración: Dante de la Vega
Sociedad 15/08/2020 11:13 Christian Jiménez Actualizada 11:08

Para algunas mujeres, como Ingrid, la maternidad no fue elegida. A sus 23 años, mientras carga en brazos al tercero de sus hijos, señala que le hubiera gustado esperar un poco más de tiempo para ser madre por primera vez; su primogénito nació cuando tenía 15 años y cursaba el segundo grado de secundaria.

En la entidad, aunque el embarazo en adolescentes va a la baja en estos últimos años, representa 20% de la totalidad que se registran al año, de acuerdo con los registros de los Servicios de Salud de Oaxaca (SSO).

Al respecto, el estado ocupa el tercer lugar en embarazos de niñas, adolescentes y jóvenes, y el octavo lugar en muerte materna, señalan datos recopilados por el Grupo de Estudios Sobre la Mujer (GESMujer).

De acuerdo con el índice de fecundidad del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), hasta 2015 el porcentaje de nacimientos registrados en la entidad de madres adolescentes, menores de 20 años, es de 15.9%.

Ingrid se casó en su comunidad y abandonó sus estudios, mismos que desde los ocho años combinaba con la labor de hacer tortillas, al igual que las más de 3 mil mujeres que viven en San Antonio de la Cal, donde nació y creció.

Las cifras apuntan que la situación es más grave para las niñas y jóvenes de comunidades indígenas, debido a que cifras del Inegi muestran que 54% de las mujeres hablantes de lenguas originarias en edad reproductiva fueron madres en su adolescencia, porcentaje superior a quienes no son hablantes de alguna lengua materna (45%).

Ante ello, la coordinadora del Centro de Enseñanza e Investigación Aplicada del GESMujer, Rosario Martínez Miguel, precisa que el embarazo en las adolescentes se ha convertido en un problema de salud pública que profundiza las desigualdades sociales y de género, afectando su salud y su proyecto de vida.

“Es difícil que a temprana edad las jóvenes estén preparadas física y mentalmente para asumir su maternidad, lo que incrementa el riesgo de muerte materna”, comenta.

Aunque Ingrid no tuvo complicaciones durante ninguno de sus tres embarazos, señala que el hecho de convertirse en madre y esposa nubló, para ella, la posibilidad de continuar y concluir sus estudios de secundaria.

Sin embargo, relata que en su comunidad la mayoría de las mujeres asumen el rol de madres desde temprana edad, tal como lo hicieron sus madres y abuelas, quienes se casaron antes de los 20 años; mientras que, quienes han abandonado la comunidad, en busca de oportunidades de crecimiento económico, iniciaron su vida familiar varios años después.

Alto índice en México

Por su parte, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) señala que México es uno de los países con más casos de embarazo adolescente.

Según con cifras del UNFPA, una de cada dos adolescentes que ha iniciado su vida sexual entre los 12 y 19 años de edad, resulta embarazada.

Martínez Miguel indica que otra problemática evidente es la violencia obstétrica, relacionada con la falta de sensibilidad del personal de salud para atender a las mujeres en un marco de dignidad y respeto, siendo la causa de una serie de violencias al momento de dar a luz.

Sobre el tema, Ingrid recuerda que durante sus primeros dos embarazos, a los 14 y a los 17 años, sufrió discriminación al ser cuestionada sobre sus embarazos, debido a que aún era una adolescente.

La representante de GESMujer puntualiza que la violencia obstétrica se refleja en el suministro injustificado de medicamentos o la esterilización forzada —al utilizarlos como recurso didáctico sin ningún respeto a su dignidad humana—, el manejo indiferente del dolor durante el trabajo departo —como castigo— y la falta de respeto a los tiempos de un parto.

Además del daño sicológico que implica el trato deshumanizado y grosero, que va desde regaños, burlas, ironías, insultos, amenazas, humillaciones o discriminación que se manifiesta en el aplazamiento de la atención médica, así como la indiferencia frente a sus solicitudes o reclamos.

Para prevenir y explicar el tema, GESMujer impartió este 14 de agosto el primer diplomado de Género e Interculturalidad: Enfoques para el Desarrollo, el cual tuvo por objetivo brindar herramientas teórico-metodológicas a profesionales de las áreas de Salud, Educación e impartición de justicia, a fin de fortalecer su capacidad de realizar intervenciones apropiadas, desde una perspectiva de género e interculturalidad, que den respuesta a las problemáticas derivadas de la desigualdad entre mujeres y hombres.

Actualmente, dos de los hijos de Ingrid cursan la escuela primaria, mientras que la más pequeña asiste al jardín de niños.

Al respecto, precisa que a ella le gustaría poder brindarle a sus hijos la oportunidad de estudiar, así como aconsejarles que terminen por lo menos la educación básica, antes de comenzar una familia, pues señala que tener un mayor grado de educación podría darles la oportunidad de aspirar a mejores opciones de trabajo.

Esto, debido a que ella se dedica al hogar y a la venta de tortillas, oficio que también sus hijos ya están aprendiendo; sin embargo, no genera suficientes ganancias para sostener a una familia y cubrir todas sus necesidades. Su esposo labora en el ramo de la construcción, donde se desempeña como albañil.

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