Así combaten la agonía cafetalera

Sociedad 20/03/2018 13:18 Juan Carlos Zavala Pluma Hidalgo, Oaxaca Actualizada 13:18

Actualmente, en Pluma Hidalgo se cultiva sólo 4.22% del total de hectáreas dedicadas a la siembra de café; en 24 años cayó la producción más de 90%

Fotos: Juan Carlos Zavala / EL UNIVERSAL

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Cuando Filadelfo Ramírez Ordaz cumplió  49 años decidió que dejaría Pluma Hidalgo.  Juntó 7 mil pesos, cargó su mochila con 10 kilos de café en bolsas de 250 gramos y partió con la intención de cruzar  la frontera y llegar a Estados Unidos. Así lo hizo. Durante cinco días caminó por el desierto   hasta llegar Phoenix, Arizona.

Además de buscar trabajo en ese país ajeno, su principal objetivo era encontrar mercado para vender  su café, pues todos sus intentos de colocar su producto con empresas oaxaqueñas habían fracasado. Estas intermediarias se lo compraban a un precio muy por debajo  de su costo real, le cobraban el almacenaje y le descontaban impuestos; al final, no obtenía ganancias y no recuperaba ni su inversión.

—Si soy productor, por qué no voy a hacer el intento de vender mi café al mejor precio que pueda, que me reditúe y siga con la tradición de sembrar. No me quedó otra que  irme, pasé cinco noches de mojado con café en la espalda, recuerda.

 Esa decisión que  llevó a Filadelfio a Estados Unidos es la misma que lo ha impulsado desde su regreso. Ahora este productor  ha volcado sus esfuerzos en reactivar  la producción de café, para lo cual, junto  con otros 60 cafeticultores, encabeza un  proyecto de investigación encaminado a encontrar  un sistema que ayude  a superar la crisis que vive este sector  desde hace más de dos décadas.

Esta crisis  desplomó la producción de café en Oaxaca  en más de 90%, entre 1994 y 2017,  de acuerdo con organizaciones de cafetaleros.

La bonanza

Pluma Hidalgo, la comunidad de origen de Filadelfo, se localiza en la Costa de Oaxaca. Un municipio enclavado en una zona montañosa  considerado el más representativo para  el cultivo de este grano, lo que lo convirtió  en un importante punto comercial. Así lo recuerda Oscar Sánchez Aguilar, uno de los pocos panaderos que ha logrado mantener su negocio  pese a la ausencia de  la bonanza económica. 

 “Aquí llegaban cientos de comerciantes de muchos municipios, fuimos el primer pueblo en tener energía eléctrica en toda la región, los productores de café ganaban en dólares, había mucho dinero”, recuerda. Pero todo ese ímpetu comercial se fue perdiendo a causa de   altibajos en los precios y  abusos de  intermediarios. Además, fenómenos naturales y  plagas, como la roya, la broca y el gusano barrenador, también  llevaron a la quiebra a los 53 propietarios de fincas,     hasta en  tres mil hectáreas de tierras.

La familia de Edgardo Cruz Sánchez, dueña de la finca La Huerta, de más de tres mil hectáreas,  es un ejemplo de la agonía del sector. En 1997 la finca sufrió el embate del huracán Paulina que destrozó sus cultivos; a partir de entonces les fue imposible reactivar la producción.

Recientemente,  uno de los hermanos  sembró 5 mil plantas de café, pero ya las  consumió la roya.

Para tener una idea de la pérdida, Edgardo refiere que para renovar las plantas de café en una hectárea  se requieren al rededor de 80 mil pesos, monto que alcanza para sembrar 3 mil plantas de corte bajo y unas mil 500 de corte alto. Además,  se requiere de  otros 30 mil pesos para darles mantenimiento, por lo que el total sería de 110 mil pesos por hectárea.

La falta de ese capital, del que carecen la mayoría de  productores, sobre todo para la contratación de personal, es otro de los factores que han intensificado la crisis y  provocado el abandono de grandes extensiones de tierra, la migración de cientos de personas y el desplome de la actividad económica del municipio.

El desplome

De acuerdo con el Ayuntamiento de Pluma Hidalgo, de esa bonanza cafetalera queda poco. Acualmente existen 558 productores  en el municipio (0.55% a nivel  estatal) y de ese universo de  cafeticultores 33 concentran 2  mil 675.77 hectáreas,  equivalente a  50.9% del total municipal;   sólo uno de ellos  posee más de 150 hectáreas.

El resto son más bien pequeños productores: 116 tiene menos de una hectárea; 175 entre  una y  2.99; 81 de 3 a 5.99. Hace 20 años cada cafetalero poseía y sembraba alrededor de 20 hectáreas.   

 El Ayuntamiento  calcula  que la superficie que se cultiva es de  5 mil 256 hectáreas, sólo  4.22% del total de tierra  dedicada a la siembra de café; de ese total  no toda es productiva: se estima que sólo entre 2  mil y 3 mil hectáreas  son las que están trabajando.

—Anteriormente se producía de ocho a 10 quintales por hectárea, llegamos a producir hasta 20 quintales por hectárea. Hoy, a veces, ni producimos un quintal por hectárea, a veces nada. Hay productores que el año pasado produjeron 10 quintales, hoy no sacaron nada porque nos acabó la roya, asegura Filadelfo Ramírez.

La situación de Pluma Hidalgo se repite en otras zonas productoras del grano. Según la Coordinadora Estatal de Productores de Café de Oaxaca (CEPCO) en la entidad    existen 100 mil 77 productores que siembran el grano en  una superficie de 124 mil 426 hectáreas, distribuidas en   150 municipios; no obstante, la superficie cosechada en 2017  fue de 111 mil 754 hectáreas, de acuerdo con  la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa).

Para tener una idea de cómo ha mermado la producción  hay que voltear a los números. En 1994 en Oaxaca  se cosechaban   248 mil 531 toneladas de café en una superficie plantada de 171 mil 450 hectáreas, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi); en comparación  con 2017, de acuerdo con la Sagarpa, en el estado se cosecharon 26 mil 287 toneladas en una superficie de 111 mil 754 hectáreas, es decir, una caída de 90%.

El Ayuntamiento de Pluma Hidalgo explica que  entre las razones de esta caída  en la producción se encuentra la baja inversión, tanto pública como privada, el bajo desarrollo tecnológico, grandes rezagos sociales en cuanto infraestructura productiva y de medios de comunicación. También le atribuye al rezago en  capacitación laboral y a  una economía campesina desarticulada que expulsa grandes contingentes de mano de obra.

 El impulso

Todos los domingos que Filadelfo Ramírez estuvo  en  Phoenix, los pasaba vendiendo paletas y... también  café.  Ocultaba  sus bolsas de   250 gramos en un carrito de paletas y las ofrecía por  10 dólares.

Filadelfio cuenta que un estadounidense le cuestionó por qué teniendo tierras  y produciendo esa calidad de café él y sus paisanos iban Estados Unidos  a ser trabajadores, a que los despreciaran y los castigara la ley.

—Él mismo me llevó a las cafeterías de Starbucks y me dijo “aquí venden café de México, pero no  sabe rico como el que traes”, recuerda Filadelfio.

El productor asegura que fue en ese momento cuando  se dio cuenta que el negocio se encuentra en ofrecer él mismo el café y no sólo venderlo al mayoreo. Fue así como  inició su empresa  Café Diamante, con la cual   distribuye el grano en  hoteles, tiendas, restaurantes; además, abrió su propia cafetería en Pluma Hidalgo.

—Cuando vendes el café en pergamino es darle toda la utilidad al intermediario y nunca vamos a salir de perico de perros, siempre vamos a estar trabajando para él, explica.

Por esa razón Filadelfo, junto con un grupo de 60 productores, se embarcaron en una aventura cafetalera, para la que  convencieron a la autoridad municipal para que les prestara una parcela para sembrar las siete variedades de café que existen en la región: Pluma, Oro Azteca, Costa Rica, Marsellesa, Geisha, Colombia y MTR.

El objetivo de su proyecto es conocer cómo se comportan  las plantas a la altura en que se encuentra el municipio y en  un terreno pobre en nutrientes.

  —Lo que queremos es demostrarle al productor que su terreno, por muy pobre que sea, con un poco de ayuda, con un buen proyecto, puede ser rentable para la cafeticultura, asegura.

Otro de los objetivos de los cafeticultures  es conocer cuál es la productividad de cada  planta, la calidad de sus granos y  su resistencia a las plagas.   Con este experimento, dice, los productores tendrán el conocimiento suficiente para decirle al gobierno cuáles son sus necesidades y qué tipo de apoyos requieren para que la ayuda gubernamental rinda realmente frutos. Y llegue a quien tiene que llegar, pues señala que  los recursos públicos se diluyen en  organizaciones campesinas como la CEPCO, la Confederación Nacional Campesina (CNC)  y que al final el apoyo no llega a los productores.

—A veces el gobierno gasta más en palas y picos o  en plantas de café que traen de la Costa, pero que no resisten el tipo de tierra que hay en Pluma Hidalgo, argumenta.

En un año más, apunta Filadelfo, los cafeticultores de Pluma Hidalgo  sabrán qué tipo  café se puede sembrar en cada superficie, el tipo de abono orgánico y la cantidad de mano de obra necesaria para cuidar los plantíos.

—Queremos la oportunidad de decirle al gobierno cómo debe ser el apoyo y le aseguramos que se va a llevar la mejor de las sorpresas: que el café sí es negocio y puede ayudar a generar  bienestar social a las comunidades.

Además, los cafetaleros  impulsan la conformación del Consejo Municipal de Productores de Café de Pluma Hidalgo que les permita organizarse entre pequeños, medianos y grandes productores.

—Que todos tengamos la bandera café enfrente, como meta, finaliza.

 

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