Por crisis, abuelas del barro negro anhelan una plaza virtual, pero enfrentan la barrera tecnológica

Sociedad 21/09/2020 10:39 Oaxaca Mario Arturo Martínez Actualizada 20:31

San Bartolo Coyotepec, un municipio conurbado a la capital de Oaxaca ubicado en los Valles Centrales, sufrió el impacto de la pandemia en su principal actividad económica. Aquí, existen más de 300 talleres dedicados a la alfarería de barro negro

Foto: Mario Arturo Martínez

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San Bartolo Coyotepec.— El polvo cubre las cajas y canastos repletos de piezas de barro negro elaboradas en el taller de Teresita. Desde hace más de cuatro meses permanecen así: embalados y listos para enviarse a diferentes destinos turísticos del país. 

Tampoco se escucha el ajetreo de las dos docenas de personas que trabajaban en este taller en la creación de estas artesanías, unas de las más representativas de Oaxaca. La pandemia de Covid-19 detuvo y desplomó las ventas, en la que los pobladores consideran la peor parálisis económica que han vivido, y que ha dejado una estela de pérdida de empleos.

San Bartolo Coyotepec, un municipio conurbado a la capital de Oaxaca ubicado en los Valles Centrales, sufrió el impacto de la pandemia en su principal actividad económica. Aquí, existen más de 300 talleres dedicados a la alfarería de barro negro

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Foto: Mario Arturo Martínez

Según el Plan de Desarrollo Municipal 2017-2019, por ejemplo, de las 186 unidades económicas (negocios) del sector comercio en esta población, 140 pertenecen a la producción de alfarería. Fue por eso que golpe les pegó tan fuerte.

Las autoridades municipales estiman que por la crisis económica derivada de la pandemia, la comunidad perdió el 95% del turismo, principal consumidor del barro negro. 

Transformarse para no morir

En las manos de Abelina García Aguilar, una pequeña esfera de barro se transforma en un impresionante jarro. La destreza en el movimiento de sus dedos es el reflejo de 60 años de experiencia, pues aprendió el oficio cuando tenia 6 años. 

Abelina trabaja en su casa junto a su esposo Gregorio Mateo Vicente. Su taller es pequeño, cuentan con las herramientas necesarias para trabajar, y les sobra experiencia. Lo que falta es quien quiera comprar su arte. 

Abelina y Gregorio explican cómo cambia el barro al paso por su taller. Primero es una piedra de consistencia porosa, lo manipulan hasta que se convierte en una materia densa y maleable. Sus  manos convierten esa pasta en cualquier objeto que su prominente imaginación les dicta en el momento. 

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Foto: Mario Arturo Martínez

Cuando la pieza está lista, pasa por 12 horas de cocción en un horno especial alimentado por leños de encino y continúa su proceso hasta llegar al punto de venta, la plaza artesanal.

No solo el barro cambia. A lo largo de los más de 60 años de experiencia de esta pareja de artesanos, muchas cosas han cambiado en la mítica alfarería de San Bartolo Coyotepec.

Abelina recuerda que cuando era pequeña iba a las plazas de los pueblos aledaños a “feriar”. Ahí intercambiaba sus creaciones en barro negro por frutas y panes para el altar de muertos.

En aquellos años, el barro negro era muy apreciado, era el único capaz de contener agua. El cántaro de un litro era el mas vendido, se usaba para el mezcal, recuerda Abelina sentada con su delantal trabajando con paciencia una pieza de barro.

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Foto: Mario Arturo Martínez

Gregorio agrega que las ventas también se concentraban en pichanchas y apastes, es decir, la mayor producción era de piezas con fines utilitarios. 

Pero el plástico lo cambió todo. Los clientes dejaron de usar piezas utilitarias de barro y comenzaron a comprar plástico porque era mucho más barato, y a los alfareros del barro negro les fue imposible competir.

En aquellos años la alternativa que tomaron fue transformar su negocio, pasar de piezas utilitarias a ornamentales. Bajó su producción de pichanchas cántaros y apastes, y subió la de cántaros calados, floreros y piezas escultóricas.

Sus clientes también cambiaron. Con el bajo consumo local encontraron en el turismo un nuevo nicho de mercado. Sus piezas dejaron de venderse en las comunidades aledañas y comenzaron a venderse a los visitantes de la comunidad. Y poco a poco comenzaron a expórtalas fuera de Oaxaca. 

Ahora, en San Bartolo Coyotepec,  no hay rastro de turistas a quienes puedan vender sus creaciones de barro negro, mientras que el plástico sigue conservando el emporio de las piezas utilitarias. Abelina y Gregorio saben que tienen que cambiar nuevamente y transformarse, como el barro.

Él siguiente paso lo tienen claro. Su incursión será la venta a través de internet, por lo que ahora buscan clientes desde su perfil de Facebook, “Artesanías Abe”, donde los clientes miran digitalmente sus creaciones. De “feriar” cara a cara hace 60 años, ahora el contacto es virtual. 

¿Cómo se migra a lo digital? 

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Foto: Mario Arturo Martínez

El taller de Teresita Andrés Castillo daba a trabajo a 20 personas, pero en los meses de abril, mayo y junio nadie trabajó. Desde julio decidió reabrir el taller y ha podido contratar solo a tres de sus trabajadoras. Para cubrir el salario de este reducido personal, su esposo le ayuda con los ingresos que obtiene como chófer de un mototaxi.

La plaza artesanal es el punto de venta con la mayor concentración de artesanas en San Bartolo Coyotepec, cuentan con 107 productoras de barro negro (20 hombres y 87 mujeres) y 11 cocinas. 

Fue creada hace 15 años y es un conjunto de pequeños locales de madera en un gran llano de tierra. Cerraron desde la declaración de contingencia sanitaria y así sobrevivieron hasta el 5 de agosto,  por ahora sólo mantienen el 30% de sus locales abiertos.

Martha Mateo, presidenta del Comité de la plaza artesanal desde enero de este año, no se imaginó que se enfrentaría al mayor reto que esta plaza ha tenido lo largo de su historia. Para hacer frente a la crisis Martha tiene una idea, crear una plaza artesanal virtual para vender a través de internet la producción de las 107 comerciantes de la plaza. 

Martha sabe que la tarea no es sencilla, y que el primer paso será convencer a todas de vender en esta nueva modalidad, pues la mayoría de las artesanas son mayores de 65 años y no están acostumbradas al uso de nuevas tecnologías.

La implementación de catálogos virtuales y ventas por internet es una alternativa a la que sólo unos pocos tienen acceso, por lo que la falta de conocimientos técnicos se convierte en una barrera tecnológica que impide que las artesanas tomen este camino.

Teresita, por ejemplo, tomó un curso de computación hace algunos años, puede operar una computadora a nivel básico, pero asegura que no es suficiente para intentar un negocio en línea.

“La falta de conocimiento tecnológico nos limita, todos dicen venda en línea, pero ¿y los que no sabemos vender en línea? ¿Qué hacemos?”, se pregunta mientras atiende su local en la plaza artesanal.

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Foto: Mario Arturo Martínez

Esta realidad no es ajena para Martha Mateo, sabe de antemano que esa barrera tecnológica debe romperse y por eso busca crear una comisión dentro de la plaza artesanal, para que reciba capacitación y pueda operar la gran tienda virtual donde se incluya el trabajo de todas, y que así ninguna quede en desventaja.

Pero como aún falta tiempo para que esta idea se concrete, pues hasta octubre comenzarán la planeación y capacitación, los artesanos de San Bartolo tienen que buscar otras alternativas para sostenerse económicamente.

Muchos de ellos, por ejemplo, optaron por trabajos como vender comida en su casa, trabajar en el campo, o manejar mototaxis.

Mientras tanto, el municipio está trabajando en una propuesta de captación de turismo desde las redes sociales, pues consideran que esta alternativa es la que cuenta con un menor costo y un mayor impacto.

La otra esperanza es que por fin se termine la edificación de su nueva plaza, un proyecto arquitectónico que comenzó en 2019 y constará de tres etapas: la primera ya fue concluida, con una inversión de 15 millones de pesos. La segunda etapa estaba por construirse, pero la pandemia lo impidió. Así que la fe está depositada en una obra que nadie sabe cuándo se retomará.

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