En Oaxaca, existe una generación de niños que no conoce los salones de clases

En Juchitán, hay alumnos que nunca han tomado clases en un aula, primero por el terremoto de 2017, que tiró escuelas, y ahora por el Covid-19 que impide clases presenciales

En Oaxaca, existe una generación de niños que no conoce los salones de clases
Foto: Roselia Chaca
Sociedad 28/01/2021 11:30 Oaxaca Actualizada 11:30

Juchitán de Zaragoza .- Rihanna tiene 6 años y desde que comenzó su educación escolar no conoce un salón, pues  se  ha pasado  los últimos tres años tomando clases debajo de lonas, primero, y ahora a través de un celular. Ella es parte de la generación de niños del terremoto y de la pandemia.

Rihanna Matus Orozco pisó por primera vez  el Preescolar  Juan Escutia, en la colonia Vallejo de Juchitán, en  2017,  el año del sismo, así que su primera aula fue una carpa color  café donada por una organización; en otras ocasiones,  la explanada de la escuela fue su salón de clases. 

Luego de tres años sin saber cómo se  aprende sin preocuparse por el viento o el sol,  y  cuando por fin iba a conocer un salón ventilado, un virus obligó a cerrar la primaria que la recibiría para darle su  educación básica.

Dos años  y medio  cursó en el preescolar dañado por el terremoto  y tras todo ese tiempo  su madre, Analilia, se mudó de la colonia   y la inscribió a otro centro educativo. Fue entonces cuando  la pandemia las sorprendió con una suspensión prolongada de actividades desde aquel lejano mes de  marzo. 

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Foto: Edwin Hernández

Rihanna ya no pisó su nueva escuela, pues concluyó su preescolar  en medio de la incertidumbre y luego fue   inscrita  en  la Primaria Reforma Educativa.  Desde entonces, la sala de su casa es su salón de clases.

La niña  se conecta todos los días a  una  plataforma de  videoconferencias. La  acompaña su mamá,  quien se arma de paciencia para guiarla y tiene que  suspender todas sus labores desde las 8 de la mañana y hasta la una de la tarde, para cumplir con la educación de su hija,  siempre que   la señal de internet sea estable  y los fuertes vientos no la tiren.

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Durante todos estos meses Rihanna no convive con otros niños, y en el recreo juega en su cuarto o en el patio de su casa. A sus compañeros no los conoce más que por las pequeñas imágenes en pantalla, nunca ha interactuado con ellos.

“Comenzó la escuela en unas carpas de lona que estaban en el patio de la escuela, a veces tomaban clases en la explanada y cuando iba a entrar a la primaria,   se viene la pandemia y    la comienza en línea, así que mi hija no tiene amiguitas de la escuela. Ha sido difícil adaptarnos pero es lo que tienen ahora los niños para aprender”, explica su  madre.

Reto para maestros

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Foto: Edwin Hernández

El maestro Arturo Santiago Rosado llevaba unas cuantas semanas dando clases a  niños de primer grado en la Primaria Heliodoro Charis Castro cuando el sismo destruyó las aulas, por lo que esos niños recibieron  sus enseñanzas durante tres años debajo de lonas. Cuando ya iban a estrenar nuevos salones, la pandemia  llegó. 

“Tenían unos cuantos días en las aulas cuando las destruyó el terremoto, esos niños apenas y conocen un salón de clases como Dios manda”,  comenta vía telefónica este profesor de educación bilingüe español-zapoteco.

“Son tres generaciones, con la que tengo ahora, las que no han  tenido un techo firme para recibir clases, estuvieron debajo de unas lonas ya destruidas por el viento, sostenida con puntales y amarradas para no volar. Ellos son la generación del sismo”, agrega. 

Hoy el maestro da clases nuevamente a niños de primer grado, algunos de ellos vienen de preescolares afectados por el terremoto y por mucho tiempo no recibieron clases o lo recibieron en espacios no apropiados.

El profesor  lamenta que las  clases en línea no han sido lo mejor  para los  18 alumnos    bajo su responsabilidad, pues sólo algunos padres tienen WhatsApp por ser de bajos recursos, así que buscó estrategias de enseñanza, como  cuadernillos y clases presenciales tres veces por semana con grupos de 5 alumnos por dos horas.

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Pero  ante el  aumento de casos de coronavirus  en Juchitán,  las clases presenciales se suspendieron nuevamente y se retomarán la entrega de ejercicios a través de cuadernillos, lo que complicará más la educación de estos  niños que ya  tienen un retraso en el aprendizaje.

En septiembre pasado, a cumplirse tres años del terremoto, EL UNIVERSAL dio a conocer que  aún faltaban por reconstruirse al menos 500 plantes   de preescolar, primaria y secundaria en el Ist- mo, según informaron las  autoridades educativas.

La razón de que estas obras se hayan retrasado  se debe  a que las empresas  incumplieron con el pago a constructores locales que subcontraron, por lo que  abandonaron los trabajos. Actualmente  existen 8 carpetas de investigación contra 16 empresas. 

Después de  tres años de espera, el gobierno cumplió y a  la primaria  Heliodoro Charis Castro  la reconstruyó, así que  ahora los niños sólo esperan que la pandemia les dé tregua para por fin pisar un salón de clases.

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