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El CIIT consiste en un corredor comercial e industrial en el Istmo de Tehuantepec al conectar mediante infraestructura carretera y el Tren Transístmico los puertos de Coatzacoalcos, Veracruz, y Salina Cruz, Oaxaca. Contempla la modernización del ferrocarril, la construcción de puertos comerciales, red de carreteras primarias y secundarias, conectividad digital, un gasoducto, y 10 parques industriales.
“Es un avasallamiento que implica despojo, cambio de vida, violencia y daños ambientales. (Las comunidades) se están enfrentando a obras que los afectan, que los despojan, a la entrada de la delincuencia organizada, al crecimiento de la inseguridad; no toma en cuenta las necesidades de las comunidades en materia salud, de educación, agua potable, proyectos productivos en función del perfil de la región, productora de maíz, de ganado, de frutales.
“Están enfrentando a un monstruo que significa violencia, despojo y destrucción de una forma de vida y de una cultura campesina indígena”, resume Carlos Beas Torres, dirigente de la Ucizoni, quien sostiene que hay intereses económicos muy claros relacionados con el grupo de poder político. El activista, además advierte la operación de la delincuencia organizada. Los grupos del crimen, detalla, se ha apoderado de espacios de la economía formal en la que no solamente comercializan camarón, limón y aguacate, sino también se han metido en la industria de la construcción y el transporte.
“Es otra de las denuncias que hemos hecho, cómo actúan de manera conjunta la Guardia Nacional, la Marina, la Policía Estatal y esos grupos de carácter paramilitar”, dice al referirse a los actos de represión, intimidación y hostigamiento contra las personas defensoras del territorio que se oponen al CIIT.
Las comunidades en donde se han detectado conflictos internos a causa de este megaproyecto incluyen a tres localidades ayuujk o mixe de San Juan Guichicovi: Mogoñé, Boca del Monte y Hierba Santa; Rincón Viejo, en Santa María Petapa; Santa María Mixtequilla; Santa Cruz Tagolaba, en Santo Domingo Tehuantepec; Puente Madera, en San Blas Atempa y Juchitán de Zaragoza, estas últimas comunidades zapoptecas.

Su inconformidad llevó a una mesa de negociación con los gobiernos federal y estatal, autoridades que se comprometieron a ejecutar obras de infraestructura en la población. Con el paso del tiempo; sin embargo, no cumplieron con ninguno de los acuerdos.

Desde el pasado 18 de julio, un grupo de ciudadanos y comuneros de Santa María Mixtequilla mantienen tomadas las oficinas del Comisariado de Bienes Comunales. En esta comunidad se construirá el parque industrial más grande de los 10 que se construirán. El proyecto fue avalado por la asamblea de comuneros; sin embargo, la inconformidad surgió tras el pago de 132 millones de pesos por el gobierno federal por las 502 hectáreas en las que se instalará el polo de desarrollo.
De las 502 hectáreas, 370 son de uso común y 132 son parcelarias; éstas últimas se pagaron de manera individual a cada uno de los comuneros que las tenía en posesión a un precio de 260 mil pesos por hectárea. Las de uso común se pagaron al Comisariado de Bienes Comunales, ante lo que un grupo de ciudadanos y comuneros demanda que todos los habitantes sean beneficiarios de los recursos que se pagaron por las tierras.
“Nosotros estamos luchando para participar de las utilidades de estas tierras de uso común”, afirma el comunero Ricardo Vargas.
En medio de esta confrontación, el pasado 4 de julio fue asesinado Noel L, activista del comité de Resistencia Pacífica que exige el reparto de los recursos entre toda la comunidad. Su cuerpo fue hallado con signos de tortura luego de que la víctima fue reportada como desaparecida.
La división entre sus autoridades agrarias, explica, surgió luego de que se usaron personas fallecidas, entre otras irregularidades, para imponer a Sergio Gutiérrez García como presidente del Comisariado de Bienes Comunales; éste, es hermano de Anastasio Gutiérrez García conocido como “Tacho Canasta”, a quien señalan de ser responsable de una serie de despojos de tierras de manera violenta, bajo la protección del Estado.
En este periodo de conflicto fue asesinado el activista Jesús Manuel García Martínez en un ataque directo afuera de su casa el 27 de octubre pasado.
También acusa a César Morales Toledo, presidente del Comisariado de Bienes Comunales y hermano de Antonio Morales, de ofrecer sobornos a miembros de la comunidad y tras rechazarlas, de ejercer la violencia física contra algunos.
De acuerdo con David Hernández, además enfrentan amenazas telefónicas y directamente en sus hogares u oficinas, así como la militarización de la comunidad y la implementación de supuestos operativos para detectar motos robadas, pero que, asegura, buscan intimidar a la población.
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