Diablos salvan a artesanos de Juxtlahuaca, oficio resiste sin carnaval gracias a migrantes en EU

En los últimos años el espectáculo de Los Diablos ha retomado fuerza, tanto que es en la Guelaguetza donde salen a relucir los mejores pasos y saltos

Diablos salvan a artesanos de Juxtlahuaca, oficio resiste sin carnaval gracias a migrantes en EU
Moisés López Vázquez, de 21 años, seis de los cuales los ha dedicado a elaborar máscaras con el maestro Artemio Agustín, afirma que las de diablos se venden mejor. Foto: Juana García
Sociedad 27/02/2022 11:29 Juana García Actualizada 11:29

Juxtlahuaca.— En este municipio, los maestros mascareros y de las chivarras viven del recuerdo del Carnaval de Santiago Juxtlahuaca,  que no se realiza desde hace dos años por la pandemia de Covid-19, y aspiran a que las celebraciones vuelvan pronto; mientras tanto, siguen pintando diablos.

“El carnaval hace que te olvides un momento de todos tus problemas, de las preocupaciones; es una transformación”, comenta Alejandro Vera, maestro escultor, como se les dice a los artesanos en esta comunidad, mientras su hijo se apresura a pintar unas máscaras de la danza de Los Diablos, encargo de una persona  proveniente de Estados Unidos.

Desde el carnaval de 2020, los artesanos, talabarteros, músicos tradicionales, escultores y todos los que participan en las danzas de Santiago Juxtlahuaca esperan el regreso de esta festividad, una de las más grandes del municipio; su trabajo, no obstante, no se ha detenido debido al auge de las danzas en EU, que llevan a cabo los migrantes.

 

 

Las festividades comienzan desde diciembre, explica a EL UNIVERSAL el maestro Vera, quien también es violinista y escultor. Recuerda que de pequeño solía esperar junto a otros niños la llegada del carnaval para ponerse la máscara del jaguar y corretear a la gente.

“Podíamos hacer lo que quisiéramos, porque nadie nos reconocía con las máscaras. Desde entonces me llamó la atención hacer y usar máscaras”.  Su afición de niño lo llevó a convertirse en lo que hoy es, uno de los más grandes mascareros de Los Diablos en Oaxaca.

El maestro Artemio Agustín, de 89 años, último escultor nativo de su generación en Juxtlahuaca, tiene un recuerdo similar: “De niño ansiaba la llegada de la fiesta para usar una máscara de tigre y corretear a los demás niños”. 

Al maestro escultor y artesano sólo le quedan  dos máscaras; perdió la memoria de cuántas hizo. Lo cierto es que con ellas pudo mantener a su familia.

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Foto: Juana García

 

Danzas, corazón del carnaval

 

“Cuatro semanas antes de la llegada del carnaval, anunciábamos la llegada de la gran fiesta y todos los niños salíamos a correr vestidos de tigres, de El macho, de La calavera, de El diablo, andábamos en el pueblo correteando a los chamaquitos”, recuerda el maestro artesano Alejandro Vera, sentado entre su colección de máscaras.

Entre las danzas de Santiago Juxtlahuaca están las de Los Chilolos, Los Chareos, Los Santiagos, Los Rubios, Las Mascaritas y Los Diablos. A cada una  corresponde una vestimenta.

En la fiesta del carnaval, las danzas de Los Chareos, Los Rubios y Las Mascaritas son las tradicionales; también se hacen presentes decenas de personas vestidas con chivarras y  máscaras de diablo.

La danza ceremonial es la de Los Rubios, que se baila entre sones. Esta retrata el acarreo del ganado sobre las cordilleras de los pueblos de las regiones Mixteca y Sierra Sur, hasta llegar a la Costa y de vuelta hasta llegar a Puebla, explica   Agustín.

En el siglo XIX, los dueños de los ganados contrataban a arreadores para que llevaran a los animales de un estado a otro. Durante el trayecto, los arrieros comenzaron a bailar y a narrar versos sobre las paradas que hacían. Por ello, los sones se bailan en línea o en cruce, dependiendo de la estación que se está representando.

En el carnaval también se hace presente la danza de Los Chareos, que interpreta el misticismo de los pueblos ñu´u savi y la conquista de los españoles.

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Foto: Juana García

En esta danza hay una lucha entre El Jaguar y Mahoma. En la interpretación de algunos nativos, El Jaguar era el dios de los mixtecos y Mahoma era el extranjero. Según la representación, conforme pasó el tiempo, los españoles le fueron cambiando el rostro al dios de los ñu´u savi, hasta convertirlo en un diablo, para que las personas se convirtieran en cristianas.

 

 

Con el tiempo, nació la danza de Los Diablos, que en los últimos años vive un gran auge, según los maestros artesanos.

 

Un respiro para los artesanos

 

La danza de Los Diablos y las creaciones de los maestros artesanos han provocado que  personas de otros estados y países volteen a verlos.

En los últimos años el espectáculo de Los Diablos ha retomado fuerza, tanto que es en la Guelaguetza donde salen a relucir los mejores pasos y saltos; las mejores chivarras y las máscaras más impactantes, para que el auditorio quede fascinado con cada danzante.

“Los Diablos ha sido un espectáculo para las personas. Creo que han dañado el sentido de la danza, pero no se puede tener las dos cosas, espectáculo y ceremonia”, reconoce Jahscel Guzmán Vásquez, maestro talabartero.

Sin embargo, acepta que gracias al auge de esta danza el trabajo de talabartería continúa. La vestimenta de cuero con pelo de chivo se usa en las danzas de Los Diablos y Los Rubios.  

“Gracias a que muchos bailan y admiran esta danza, nos dieron la oportunidad de darle un respiro a este oficio que estaba por acabar. Sólo quedábamos dos talabarteros, ahora ya hay otros jóvenes que se están iniciando en esto. El consumo de esta danza, también me ha permitido comprar material, para realizar mi demás trabajo”.

Alejandro Vera coincide en que la danza de Los Diablos ha hecho que su trabajo siga de pie y que además se reconozca en otras partes de México y del extranjero. 

“Vinieron a darnos un respiro, porque sólo hacíamos pocos, pero nos compran de otros países. Las máscaras guardan el misticismo, además, el estilo de los que estamos en esta zona puede reconocerse muy fácil”.

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Foto: Juana García

Moisés López Vázquez, de 21 años, seis de los cuales los ha dedicado a elaborar máscaras con el maestro Artemio Agustín, afirma que las de diablos  se venden mejor. Con ellas, su creatividad se expande.

“El diablo no tiene una forma definida, es la forma que nosotros queremos plasmar, eso sí, no salir del contexto de lo que define a nuestra cultura. Porque ahorita ya hay mucha distorsión en las máscaras. Algunos les copian a las películas o en otras cosas y eso le quita autenticidad”, explica Moisés.

El maestro Alejandro Vera opina que esta danza  “ha evolucionado tanto porque nadie dice como es la cara del diablo, entonces echamos a andar nuestra imaginación. Además, la danza se baila en cualquier festividad. Los diablos son más para divertirse y entrar en la fiesta, a diferencia de Los Rubios, que es más exclusiva para la gente que lo puede bailar, lleva sones específicos, letra, pasos y brincos determinados”.

 

La migración y los diablos

 

 Vera considera que la danza de Los Diablos ha contribuido a la unión de las familias migrantes mixtecas que residen en Estados Unidos, donde en algunos  estados ya se establecieron varios grupos representativos de las distintas danzas, pero principalmente la de Los Diablos, porque es más fácil de bailar.

Esos mismos grupos de danzas, comenta, fueron los que comenzaron a pedir  máscaras.

“Creo que gracias a este auge de las danzas estamos sobreviviendo a la pandemia. Sí es cierto que nunca nos faltó trabajo, pero sólo generábamos para los gastos del día. 

“Creo que los migrantes realmente ayudaron para que el negocio no se fuera abajo porque ellos no dejaron de comprar. Acá se cancelaron las fiestas y pues ya no hubo tantos encargos”, dice el también músico.

 

 

Los artesanos también padecieron las secuelas de la pandemia del Covid-19, pues a falta de las festividades disminuyeron los encargos y a consecuencia de esto, el empleo bajó.

Por ejemplo, el talabartero Jahscel Guzmán tuvo que despedir a uno de sus ayudantes, al igual que el maestro Alejandro Vera, quien cesó a tres personas que le ayudaban a hacer las máscaras, porque el trabajo ya no dejaba para los pagos.

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Foto: Juana García

“Para la gente de acá han sido días difíciles, preferirían guardar su dinerito para comprar sus alimentos, en lugar de comprarse una máscara. Pero los migrantes de Estados Unidos siguieron comprando”, añaden los artesanos.

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