La Bolita, una granja en los Valles de Oaxaca que resiste la crisis gracias a la crianza de conejos

Antonio Ortiz narra a EL UNIVERSAL que después de cinco años de suspender labores decidieron reabrir la granja, pero ahora dedicados a la cunicultura, dejaron de producir la codorniz porque sus costos eran imposibles de mantener

La Bolita, una granja en los Valles de Oaxaca que resiste la crisis gracias a la crianza de conejos
Foto: Juan Carlos Zavala
Sociedad 08/09/2021 09:49 Juan Carlos Zavala Oaxaca Actualizada 09:49

Tlacochahuaya.— En el año 2001, el médico veterinario José Antonio Ortiz Hernández abrió en San Jerónimo Tlacochahuaya una  granja con la intención de reproducir especies no tradicionales para la venta y comercialización de carne, como la codorniz y el conejo.

Desde entonces, su empresa ha sido golpeada por tres crisis económicas contra las que ha luchado por sobrevivir; la última, provocada por la pandemia del Covid-19.

En Tlacochahuaya inició con la capacitación a otras personas sobre la cunicultura, una actividad del sector pecuario que se especializa en la crianza de conejo. Con el apoyo de su familia y amigos decidió comenzar a producir también codorniz y poco a poco fue creciendo no sólo en la producción sino  en la comercialización de esta carne.

Pero cinco años después surgió el conflicto político y social de 2006 que se originó a partir de las protestas de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) por sus demandas laborales y que posteriormente sumó a otros amplios sectores de la sociedad inconformes con la administración del exgobernador Ulises Ruiz Ortiz. 

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Foto: Juan Carlos Zavala

La situación, que se prolongó por un año, ocasionó el descenso del turismo y una caída en la actividad comercial, que también pegó a los restaurantes de la ciudad de Oaxaca que eran los principales clientes de José Antonio.

Una vez que el conflicto terminó y la actividad económica del estado se recuperaba, llegó la pandemia por el virus de la influenza A(H1N1), que terminó por acentuar la crisis en la economía del estado.

“Antes había tres granjas de codorniz, pero vino primero 2006 y después en 2009  la influenza A(H1N1). De 2006 veníamos mal y la influenza le dio en la torre a los restaurantes, que eran nuestros clientes principales”, detalló.

Antonio Ortiz narra a EL UNIVERSAL que ante la problemática económica optaron por cerrar la granja. Después de cinco años de suspender labores decidieron reabrir la granja, pero ahora dedicados a la cunicultura, dejaron de producir la codorniz porque sus costos eran imposibles de mantener, aunque la siguen comercializando.

En Tlaclochahuaya ya existía otra granja de crianza de conejo, pero la persona que era propietaria falleció de cáncer y antes de su muerte vendió algunos de sus módulos o jaulas a José Antonio, y le compartió algunos de sus clientes. Así fue como él y su familia retomaron la producción de esta carne en su granja La Bolita, y también porque se convencieron de que era una buena opción.

A la par de la granja del médico veterinario, los dueños de otra, llamada La Chinga, también iniciaron con la cunicultura en Tlacochahuaya. La de José Ortiz llegó a tener 50 hembras en producción, con las que nacían entre 50 y 60 conejos a la semana, mientras que la de su vecino sumó 40 hembras en producción y una cantidad similar de animales nuevos cada siete días. Sus clientes, al igual que en el pasado, eran los restaurantes.

Pero “en 2020 surgió la pandemia de Covid-19, que desde entonces ha golpeado fuertemente la economía del país y la de Oaxaca. Durante varios meses los negocios considerados no esenciales estuvieron cerrados y a los restaurantes sólo se les permitió la venta de alimentos para llevar o a domicilio”.

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Foto: Juan Carlos Zavala

Con esta nueva crisis, el médico veterinario tuvo que vender 20 módulos y su producción cayó prácticamente a la mitad.

“De hecho, parte de mis clientes era el zoológico Yaguar Zoo, vendíamos animales para sus jaguares y ahorita, yo creo que la producción semanal ha de estar entre 15 y 20, y yo entre los 20 y 25 animales por semana. Él tuvo la necesidad de vender sus jaulas, igual yo.

“Creo que la venta va a tardar en recuperarse. Pese a que estamos produciendo poco, ya veníamos bien, teníamos una buena cantidad de clientes, pero se nos vino la pandemia”, indicó.

Las razas que manejan en Tlacochahuaya son básicamente cárnicas: azteca negro, nueva zelanda, california y mariposa, los cuales llegan a pesar dos kilos de nueve hasta máximo 12 semanas. También cuenta con algunos ejemplares tipo rex que se utilizan para la producción de piel.

En el estado de Oaxaca, explicó, conoce alrededor de ocho granjas dedicadas a la cunicultura, las cuales son modestas en comparación con las que existen en España, país que es uno de los principales productores. Ahí, dice, una granja pequeña es de 2 mil vientres y con una producción a la semana de alrededor de mil 800 conejos.

El médico veterinario Antonio Ortiz opinó que el bajo consumo de carne de conejo, pese a sus propiedades bajas en colesterol y grasa incluso menor que la de pollo, además de ser una carne fácil de digerir, se debe a una cuestión cultural. La mayoría de las personas, expuso, desconoce que se debe retirar la glándula anal para evitar que tenga un mal olor la carne; otras, consideran que es una especie de roedor, lo cual es falso, porque el conejo es una especie de mamífero lagomorfo de la familia Leporidae, explica.

Los conejos de Tlacochahuaya, además, son animales en perfectas condiciones, con alimentación balanceada y sin promotores del crecimiento, ya que al agua que beben no se le echan trampas, como antibióticos y hormonas, que se utilizan comúnmente en otras granjas que producen pollos.

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