“Desde el trabajo que realizamos en Calpulli se ha cuidado el entorno escolar, en donde se evita el consumo de comida chatarra y en consecuencia no generar este tipo de basura. Además, nuestro comedor está enfocado en elaborar comida sana, nutritiva, balanceada, reforzando el conocimiento que se tiene desde la comunidad”, dijo.
Sin embargo, reconoce que esta ley es “letra muerta” porque no hay política públicas que garanticen su cumplimiento porque se anteponen los intereses empresariales.
Otro de los objetivos es promover el consumo de los alimentos tradicionales oaxaqueños con énfasis en las comunidades indígenas, las cuales, “cautivas de la publicidad, desplazan los alimentos tradicionales por los ultraprocesados.
“De igual forma, que es de vital importancia garantizar fuentes de hidratación con agua potable segura y limpia, evitando el uso de plásticos y derivados en el envasado de alimentos”.
Además, esperan que el nuevo sexenio, que arranca en diciembre en esta entidad, pueda tomar como agenda prioritaria los daños derivados del consumo de productos ultraprocesados, y esta campaña, desde un enfoque de derecho, garantía y acción, incida en la política pública.
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