Una de las personas que se asumieron como voceros de los migrantes, Ritzi Espinal, originaria de Honduras, argumentó que aceptaron entregarse al Instituto Nacional de Migración (INM), porque las mujeres y sus hijos ya no podían caminar más. “La mayoría está enferma, tiene enfermedades respiratorias y viene desnutrida”, señaló.
Fue un grupo de entre 80 y 100 migrantes los que se entregaron en el poblado La Ventosa, donde llegaron ayer tras caminar 44 kilómetros desde el municipio de Santiago Niltepec, donde les impidieron el paso al centro de la población y se fueron a dormir bajo un puente vehicular. Ahí, minutos después de las 9 de la noche, fueron corridos con insultos por personas desconocidas a bordo de camionetas.

El resto de los migrantes desapareció. Algunos buscaron refugio en algunas viviendas, otros optaron por subirse a los camiones de autobuses para adelantar su llegada a Juchitán. Mientras tanto, día y noche, los migrantes en pequeños núcleos de cinco, diez, o hasta 20, siguen caminando desde la zona oriente del Istmo a esta ciudad zapoteca.
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