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Su caso fue llevado hasta la asamblea comunitaria el 14 de enero de 2024, donde un grupo de mujeres y hombres exigió que se le expulsara de San Bartolo Coyotepec bajo el argumento de que ha “denigrado” a la comunidad.

Siria Lorena Cruz nació en una comunidad de San Lorenzo Cacaotepec, una población que colinda con la ciudad de Oaxaca. Su padre quería que fuera costurera, a lo cual siempre se negó, y fue incluida en las labores del campo que entonces se consideraban exclusivas de los hombres. A los 16 años de edad decide ser instructora del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) en una ranchería de San Sebastián Tecomaxtlahuaca, labor que consiste en dar clases en poblaciones alejadas del estado a cambio de una beca para continuar con sus estudios.
A los 17 años de edad se inscribió en el Centro de Estudios Tecnológicos, Industrial y de Servicios (CETIS) número 38 de Santiago Suchilquitongo, donde estudió Trabajo Social, lo que le permitió gestionar apoyos para su comunidad y otras.
“La violencia es vergonzosa”, apunta, “en todos los ámbitos que vivas. Te pega en todo. Me da vergüenza que mi comunidad se entere de esto, que mi familia, que mis padres se enteren de lo que me está pasando”.
Lorena Cruz se casó con el maestro artesano Fortunato Cruz, originario de San Bartolo Coyotepec. Juntos han conformado una buena pareja de trabajo, en la que combinan sus habilidades en la creación de piezas de barro negro, las cuales les han resultado en premios y reconocimientos.
Esto causó la molestia de la familia de Fortunato, según relata, porque algunos de sus familiares que también se dedican al barro negro, el contrato debió ser para ellos. “Fue como una bolita de nieve que fue creciendo, un problema en el que se fueron involucrando más familiares y conocidos”, dice.
“Yo no lo veía como problema”, agrega, “porque mi vida ha sido en la casa. Tengo una educación tradicional, mi vida fue el campo, estudiar y la cocina”.
En la asamblea del 14 de enero también le exigieron una disculpa, pero ella no aceptó disculparse hasta que le demuestren que ella ofendió o denigró a la comunidad de San Bartolo Coyotepec.

El maestro Fortunato Cruz menciona que algunos comuneros han usado la palabra “originario” para exigir que su esposa sea expulsada de la comunidad, pero señala que este término es discriminatorio y supondría que en la población hay mujeres de primera y de segunda, y que, a las primeras, se les da el derecho de violentar a otra.
“Nos damos cuenta con lo que estoy viviendo, que no hemos avanzado mucho (en la igualdad de derechos de hombre y mujeres, porque volvemos a caer en lo que han vivido nuestras ancestras, a ser violentadas, a no tener voz, a no figurar, hasta lo ocultan.
“Hago el llamado a que tomen este caso como un ejemplo, y no sólo aquí en esta comunidad. Y no son todos, quiero aclarar que no es toda la comunidad, que sólo es un grupo que empezó a incitar esto y que realmente necesitamos la seguridad de que vamos a estar bien, de que vamos a seguir trabajando”.
Finalmente, dice que, si las autoridades no pueden garantizar su seguridad y sus derechos a seguir trabajando y viviendo en la comunidad de San Bartolo Coyotepec, que entonces le den por escrito y con pruebas qué es lo que ella hizo mal, y que comprueben si ella ofendió a este pueblo. “Que me den en escrito en qué ofendí a su pueblo, con pruebas, qué hice mal, porque hasta ahora me sigo preguntando qué hice mal”.
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