San Sebastián de las Grutas, cenote bajo suelo de Oaxaca

Los pasajes subterráneos son el atractivo e impulso económico del pueblo, donde turistas se deleitan con relatos bajo la tierra

Fotos: Edwin Hernández
Turismo 19/12/2019 03:29 Juan Carlos Zavala Sola de Vega, Oaxaca Actualizada 20:44

San Sebastián ha cambiado de nombre al menos tres veces. Las mismas  ocasiones en que  esta comunidad de la región de la  Sierra Sur  ha transformado su forma de vida en función de la actividad que le da de comer a sus menos de mil  habitantes. 

Primero, San Sebastián llevó las flores en su apellido   porque, según recuerdan sus habitantes, los campos se vestían  en abundancia. Después,   los fustes, pieza de madera que sirve de base para las sillas de caballos, se convirtió en el complemento del nombre del poblado. 

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Foto: Edwin Hernández

Y luego el nombre se complementó con  una formación rocosa natural que fue descubierta  hace más de 400 años, pero que desde hace al menos una década  se convirtió en un atractivo turístico que deja ganacias a  la comunidad.

Así,  San Sebastián primero fue de las Flores, luego  de los Fustes y actualmente es  San Sebastián de las Grutas, pues sus habitantes   buscan consolidar su actividad económica  en torno a este  sitio, que funciona tanto   para atracción de visitantes como  para realizar actividades ecoturísticas.

Se trata de una oportunidad para combatir la pobreza, pues de acuerdo con la Secretaría del Bienestar (antes Secretaría de Desarrollo Social), esta comunidad tiene un grado alto de marginación. De sus   más de 900 habitantes, 46.6%  no tienen la primaria completa y   16.5% son analfabetas. Además,  4.7% de las viviendas no tienen energía eléctrica,  41.7% son de piso de tierra y  18.3% no cuentan con agua entubada.

Belleza natural

Las grutas que ahora le dan nombre a San Sebastián  son un  sistema de cuevas que extienden por más de 450 metros y en las que pueden observarse formaciones calcáreas estalagmitas y estalactitas, creadas a partir de las filtraciones de agua. 

A mitad del recorrido se encuentra un cenote en el que se puede nadar, así como realizar actividades de rappel para encontrarse con un río subterráneo que se encuentra a unos 30 metros por debajo del sendero principal.

A mitad del recorrido se forma un cenote, donde los turistas se detienen a nadar

También se puede admirar una enorme columna y estalagmitas de 15.5 metros y 7.5 metros de altura con diámetros que van de los 3.9 a 7.9 metros. Estas formaciones han sido nombradas por   los pobladores con nombres coloquiales,  como Los enamorados, La campana, El lagarto, La cueva de la corona, El vestíbulo y  El monje.

Mientras que el río subterráneo sale a la superficie del cerro donde se forma un ojo de agua, según narran los pobladores, el 2 de febrero de cada año se realiza una celebración en este lugar para pedir que el río tenga agua durante todo el año.

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Foto: Edwin Hernández

Impulso económico 

Hace 10 años, la idea de convertir la belleza subterránea de San Sebastián de las Grutas  en un lugar ecoturístico que dejara  beneficios comenzó a tomar forma. 

Antes de la construcción de las cabañas, los visitantes debían ir hasta  la agencia municipal en el centro de la población para comprar un boleto y poder ingresar. Ahí también se les asignaba un topil (policía de la comunidad) para que les sirviera de guía.

Pero la llegada de  turistas fue  cada vez mayor y la comunidad decidió preservar el sitio e invertir recursos económicos, por lo que   se construyeron  cabañas, un  comedor y  un salón.

Las grutas no sólo se convirtieron en una opción económica para sus habitantes, también en ellas se guardan pasajes de su historia.

Mientras un guía recorre cuevas y ramificaciones, el visitante se entera que durante la Revolución, ricos y pobres usaron las grutas para esconderse y, pese a la condiciones de una guerra, las distinciones de clase no se borraron. Los pobres se colocaban al inicio de las cuevas,  más al fondo los ricos.

Incluso, durante esta época en su interior llegaron a realizarse fiestas: “Ellos hacían sus bailes y  danzas, en ese tiempo tocaban la guitarra y el violín. Eran sus fiestas, bodas y todo eso. Las personas pobres se quedaban ahí resguardando. Cualquier persona que bajara sin autorización la mataban”, describe el guía. 

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Foto: Edwin Hernández

La historia más reciente que tuvo lugar bajo la tierra ocurrió hace 55 años. Un grupo de turistas extranjeros  se perdió en el interior, al ingresar por uno de los accesos  que desde entonces se mantiene cerrado, para que no vuelva a ocurrir.  

“Entraron en las grutas y creyeron que era la salida, no empezaron a ver luz, a la mitad del camino se les acabaron las antorchas y ya fue que las personas los empezaron a buscar. Así se  perdieron”, narra el hombre.

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