José Ángel, el artista juchiteco que plasma su versión del 7S

Recopila las historias de los abuelos zapotecas y expone en la galería Quetzalli
Fotos: Mario Arturo Martínez / EL UNIVERSAL
11/09/2018
12:06
Christian Jiménez
Oaxaca de Juárez, Oaxaca
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En San Mateo Del Mar la historia es popular, se cuenta entre los abuelos  que hace un año, justo el 7 de septiembre, la gran serpiente que habita en el océano, y que es una de las deidades que aún se venera en el Istmo de Tehuantepec, llegó enfurecida a la tierra provocando el terremoto de 8.2 grados que dejó más de 63 mil casas hechas escombro.

Las historias de los abuelos, cuyas arrugas se alisan al mostrar la cara de asombro que aún les causa recordar el sismo, fueron recopiladas por el artista plástico juchiteco José Ángel Santiago, quien presentó en el aniversario del sismo la exposición Xhuroo “La casa que cae”, en la galería Quetzalli, en la capital oaxaqueña; xhuroo, en zapoteco, significa gran temblor.

Los 28 frescos que conforman la muestra pictórica son el resultado de la recopilación de las historias que José Ángel realizó durante seis meses de estancia en el Istmo. En entrevista con EL UNIVERSAL, confiesa que aunque su papá aún vive en Juchitán, él no estuvo con su familia la noche en que la tierra se sacudió. Fue hasta dos días después cuando llegó a la tierra, donde entre juegos empezó a interesarse por el dibujo, el graffiti y decidió convertirse en artista.

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José Ángel produjo 26 frescos de pequeño formato y dos de gran formato, a partir de historias y de aquellas imágenes  que se quedaron grabadas en su memoria. En una de ellas puede observarse a un gran pez moviéndose por debajo de la tierra, historia basada en una creencia japonesa. Otra relata que los cuatro hombres enmascarados que sostienen el globo terráqueo lo sacudieron provocando los movimientos en la tierra.

“Los zapotecos de las generaciones más antiguas todavía cuentan esas historias, alejadas de las versiones científicas... cada quien, desde lo que cree, intenta encontrar una razón a la noche en la que perdieron todo”, apunta.

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Tras el terremoto, el artista  asumió el compromiso  de recabar testimonios sobre lo que sucedió la noche del gran sismo. Por ello, algunas  piezas tienen que ver con lo mitológico, otras con lo astral y otras con lo presencial.

“Ha pasado un año y hay mucha gente que aún no tiene un hogar, que tiene que vivir con su familia porque lo perdió todo”, lamenta.

Agrega que  no solamente las viviendas antiguas que vestían las calles de Juchitán y de los  municipios istmeños  sufrieron daños por el terremoto, sino que también  hace referencia a la crisis que el fenómeno natural propició en toda la región istmeña, dejando la economía y la estructura social entre los escombros.

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Sin embargo, reitera que entre la desgracia quedó la prueba de que la sociedad  organizada rebasa incluso el alcance de ayuda de las instancias de gobierno, pues fueron los grupos organizados los que  más ayudaron. “La gente sigue viviendo y trabajando... es natural que tras un proceso de destrucción se cumpla el ciclo y vuelva la reestructuración”, comenta.

Sobre los frescos que conforman la exposición detalla que son una forma de “rendir culto” a todas las familias que perdieron, incluso, a algunos de sus integrantes.

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Curiosamente, los frescos tienen un proceso creativo similar al trabajar en un muro, se requiere de materiales como la cal, que también se emplea en las construcciones que hoy son parte del proceso de recomposición de las comunidades. Además, el artista encontró en las obras una forma de plasmar un testimonio de lo que sucedió hace un año.

“A pesa de la violencia, la inseguridad, el desempleo... el Istmo y su gente siguen de pie”, finaliza.

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