Curar dolencias con plantas medicinales, alternativa pese a Cofepris

Desde hace 20 años, Isabel ya trabajaba con seis de las yerbas recién legalizadas

Isabel asegura que las 18 plantas medicinales que fueron autorizadas por Cofepris no se comparan con las miles de variedades que existen en el país. Foto: Roselia Chaca / EL UNIVERSAL
Estatal 21/10/2018 17:45 Roselia Chaca Juchitán de Zaragoza, Oax.- Actualizada 19:16

De las 18 yerbas medicinales que la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) acaba de liberar  para su uso legal, la médica tradicional zapoteca Isabel Jiménez Salinas utiliza seis desde hace 20 años.

La autorización de dichas plantas se logró tras cuatro años de trabajo conjunto de la Cofepris con  la Federación Nacional de la Industria Herbolaria, Medicina Alternativa, Tradicional y Naturista, pero desde hace  más de dos décadas Isabel ya las empleaba para apaciguar las dolencias del cuerpo.

Para ello, la mujer de 43 años emplea una serie de ungüentos y gotas que  ella aprendió a preparar gracias, primero, a los conocimientos de  su abuela y después a un dispensario médico de la Diócesis de Tehuantepec.

Su pequeño consultorio lo tiene en el Callejón de Los Pescadores en Juchitán. Ella, además de ser médica tradicional, es una de las defensoras del territorio que se oponen a los proyectos eólicos, porque estos acapararon y destruyeron las zonas silvestres donde conseguía 90% de sus plantas medicinales.

“El proyecto eólico del parque Bii Hioxo destruyó las tierras donde se daban muchas de las yerbas en Juchitán, pone en riesgo que muchas plantas endémicas desaparezcan pronto. Ahora tengo que ir a comprar casi todas mis yerbas al estado de Chiapas o en los Valles Centrales de Oaxaca”, explica mientras verifica unas agujas coreanas en el rostro de una de sus pacientes.

Isabel sabe extraer el principio activo  de más de 300 plantas medicinales, aunque no conoce sus nombres científicos, muchos los identifica  con su nombre en zapoteco como la passiflora incarnata que ella llama pepe du’bi, que es el fruto rojo de un bejuco y que sirve para calmar los nervios y el insomnio.

En el   pequeño cuarto que Isabel acondicionó como consultorio tiene  una cama  para dar masaje, una alacena repleta de ungüentos, pomadas, gotas y jarabes, todos con sus respectivos  nombres. Además, tiene dos  estantes con paquetes de  yerbas  embolsadas  y con etiquetas que anuncian el mal que curan.

Isabel los enumera de memoria; zapote blanco, sorosa, árnica, cacahunanche, castaña de la india para la diarrea y el vómito, sorosa, mano de león, belaquí, cuachinalá, flor  de corazón, pimienta gorda, tila, entre otras.

 Otras de las yerbas que ella ya puede recetar de manera legal es la  valeriana, que puede usarse para la  epilepsia; uña de gato, que controla la diabetes; cola de caballo, que sirve para tratar el cálculo renal; jengibre, para la obesidad y la circulación, y  la zarzaparrilla, para bajar los niveles del colesterol.

Con los años, perfeccionó los conocimientos sobre  de las plantas a través de talleres, cursos y con monjas coreanas que han asistido a las iglesia católicas en el Istmo.

Para Isabel, las 18 yerbas medicinales liberadas por Cofepris “no son nada” en comparación a las miles  existentes en México. “Todos los males se curan  con  plantas, en ellas hay mucha sabiduría  y el conocimiento de toda nuestra gente”, apunta.

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