“Sus macizos boscosos son los encargados de regular la diversidad de climas presentes y son el punto de encuentro de millones de plantas y animales, uniendo el hemisferio norte con el sur con la flora y fauna del trópico seco del Pacífico con la del trópico húmedo del Atlántico”.
A esto, agregó, se han sumado los sistemas de transportes de carga pesada, terrestres y marítimos, para conectar las regiones petroleras desde Coatzacoalcos hasta Salina Cruz, que se conectan a su vez con las regiones petroleras del norte de Chiapas, Tabasco y Campeche.
Además de la ganaderización extensiva concentrada en el sur de Veracruz y gran parte de Tabasco, la expansión de una agricultura intensiva tecnificada y de plantaciones forestales comerciales, el uso indiscriminado de agroquímicos y fertilizantes sintéticos, y la explotación maderera que han hecho mella en los bosques y selvas.
“Ocurre lo mismo en el río Tonalá, en la laguna del Ostión y en las aguas del litoral del Istmo Norte, que reciben fuertes descargas bacterianas y microbianas derivadas de las aguas negras de uso humano, para hidrocarburos y de metales pesados.
“Todos esto lo sabemos y desde siempre lo denunciamos y nos hemos enfrentado a ello, así como a los finqueros encargados de llevar a cabo este ‘progreso y desarrollo’, que hoy tiene sus consecuencias a lo largo de todo el Istmo de Tehuantepec”.
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