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Don Cuco no esperó el apoyo del gobierno municipal, estatal ni federal para limpiar su casa ni reparar sus instalaciones, prácticamente comenzó de cero con sus propios recursos. Considera que el trabajo de reconstrucción en primer lugar está en manos de los damnificados, luego en la del gobierno, pero sobre todo, al facilitar gestiones para préstamos a bajos intereses.

Mientras dirige los trabajos de reparación del techo de madera del restaurante, el hombre dice convencido que después el gobierno verá en qué ayudarlos. “Que nos facilite créditos a bajos rendimientos, porque al final nadie te regala nada. Yo estoy reconstruyendo con el apoyo de mi propia familia”, explica
“Ha sido el más fuerte, pero ya tenemos experiencia y no queda más que seguir adelante, sabemos a lo que nos arriesgamos viviendo frente al mar”, argumenta el pescador.

En el fondo del predio que ocupa Las Palmas de don Cuco se mantiene en pie la cocina, una construcción de concreto que no tiene puerta, porque la fuerza del arroyo la arrancó. En el interior están María Cristina Martínez Santiago, la esposa de don Cuco, Alicia Ramírez Cartas; su nuera y July, la cocinera, quien también perdió su palapa en Estacahuite.
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El trabajo lo realizan de manera solidaria, sin cobrar un solo peso al gobierno, es una forma que tienen ellas de pagarles el apoyo y la ayuda humanitaria que han brindado a la población. Además, aseguran, no les cuesta nada hacerles la comida en las horas que tienen libres, ya que desde el 30 de mayo dejaron de cocinar para el restaurante y no saben para cuándo recuperarán su fuente de trabajo.
“Lo hacemos con mucho cariño, sin cobrar nada. Ellos nos traen los ingredientes y nosotras tres lo cocinamos. Al día preparamos el desayuno y la comida para 140 soldados. Dejaremos de hacerlo cuando ellos lo digan, mientras, no nos cuesta nada. Además, lo único que se mantuvo en pie fue la cocina, así que desde acá ayudamos”, dice Alicia.

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