El duro golpe cayó en sus ánimos y bolsillos. A los gastos por hospitalización, medicamentos, oxigenación y estudios de laboratorio, se sumaron los costos funerarios, que llegaron a 14 mil pesos, incluyendo una cremación. Ahora pesa sobre ellos una deuda y el duelo después de la partida.
“Fue muy dura la pérdida de mis padres, uno detrás de otro. Ahora estamos con una deuda y con el carro empeñado. No lamentamos lo que gastamos porque los queríamos vivos. Invertimos nuestros ahorros y lo que no teníamos. Llegamos al empeño con la esperanza de salvar a mis padres, pero no se pudo. Es como jugar a la lotería, no sabes si vas a ganar o perder. Apuestas todo. Esta enfermedad no es para los pobres, si no tienes dinero te mueres en tu casa”, comenta Giovanni.
“Hemos observado que además del miedo de morir en un hospital y no despedirse de sus familiares, los enfermos fallecen en sus casas porque no los reciben en los hospitales, no hay espacios ni camas o están saturados.
Ilustración Dante de la Vega
José Marín sabe de lo que habla, porque dos de sus hermanos y él tuvieron Covid-19. El más grave requirió oxigenación y gastó en 15 días unos 12 mil pesos en tanques, 5 mil pesos en estudios de tórax y Covid, además de 20 mil pesos en medicamentos; se ahorró el servicio del especialista por ser familiar. En total, este hermano gastó 37 mil pesos. Su segundo hermano invirtió 12 mil pesos, ya que el concentrador de oxígeno fue prestado y el médico, al ser un sobrino, no le cobró nada . El activista, que tiene un cuadro leve, ha gastado 6 mil pesos.
“Puedo decir que lo mínimo que se gasta es de 4 a 6 mil pesos en casos leves, pero esto es con médicos conscientes que no se aprovechan de la situación y cobran poco. Los gastos más altos se presentan en los casos graves, ahí depende de los médicos, la clínica u hospital, así como lo delicado del paciente. Mucha gente vive ganando 200 pesos al día, no tienen ni 4 mil pesos a la mano, mucho menos 40, 50 o 100 mil pesos, así que prefieren ir a morir a sus casas”, explica.
En Unión Hidalgo, Ana López y su madre tampoco lamentan los más de 60 mil pesos que pagaron por la atención médica que recibió su padre, José López. Por petición del paciente, su cuarto fue acondicionado como un espacio hospitalario, por lo que se contrató el servicio de un médico durante las 24 horas del día, a dos enfermeras, así como todo el equipo médico necesario. Desafortunadamente, todo esfuerzo fue en vano; después de 15 días de tratamiento, José Lopez, de 65 años, murió.
“Los gastos los cubrimos mi madre y yo. Dimos todo por su vida, queríamos que viviera. Después de todo el esfuerzo nos quedamos con mucha tristeza. Es una enfermedad sumamente cara. Los médicos no preguntan si tiene [dinero], sólo te dicen se necesita esto, y como queremos su vida, damos todo. Mucha gente no hospitaliza a sus familiares por esta razón, no tienen solvencia”, comenta Ana.
Para Giovanni, José Marín y Ana, el Covid-19 es una enfermedad cara y que genera mucha incertidumbre. Los familiares de los enfermos suelen quedarse con deudas de miles de pesos y, cuando los pacientes no sobreviven, también tienen que trabajar con un duelo inconcluso, por no despedirse como dictan las costumbres.