Lo más común que encuentran para desayunar, comer o cenar, es un pequeño platillo de pollo, ya sea con espagueti blanco o con rodajas de papas y cebollas. Una orden cuesta 50 pesos mexicanos, un precio accesible en relación con los precios de la región istmeña.
Huixtla está a unos 250 kilómetros al poniente de San Pedro Tapanatepec, donde por temor a ser detenidos y deportados por las autoridades migratorias o por miedo a ser víctimas del crimen organizado, los migrantes no querían avanzar ese tramo carretero.
Adentro, dice el jefe de una familia cubana, reacio a dar explicaciones, no hay camas para dormir. Se refiere a que en el albergue del campo de futbol, donde hay tres lonas de 250 metros cuadrados cada uno, no hay colchonetas ni camastros. Solo el duro piso de tierra.
El estadio fue habilitado con tres carpas de 250 metros cuadrados cada una, 30 baños y 10 lavaderos, pero ninguna cama. Las autoridades tampoco proporcionan ningún tipo de alimento.
Para un municipio con cuatro pequeños hoteles e igual número de restaurantes, más loncherías, que tiene el más alto movimiento económico durante los primeros cinco meses de cada año con el corte, cosecha y exportación de mangos, 500 migrantes diarios rebasan su capacidad de oferta.
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