Para los juchitecos la Semana Santa es una ocasión particularmente especial, es una época en la que la gastronomía oaxaqueña reluce en su máximo esplendor, particularmente durante el Domingo de Ramos, fecha en la que se hace presente uno de los bocadillos preferidos de la temporada: las famosas ‘regañadas’.
Las regañadas son consideradas como uno de los panes de muerto de Oaxaca; se trata de un pan crujiente hojaldrado y azucarado y preparado tradicionalmente en hornos de barro.
Es especialmente consumido y comercializado por panaderos locales en Juchitán y Unión Hidalgo, comunidades zapotecas, del Istmo de Tehuantepec, que celebran a sus difuntos durante la temporada de la Semana Santa.
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¿Por qué se llaman regañadas?
El nombre de este tradicional pan deriva de su consistencia crujiente, asociado con el crujir de los dientes y los gruñidos.
Aunque el nombre de las regañadas tiene varias historias, una de las más comunes es que simplemente se les comenzó a llamar así por el tronido que se emite al morderlas.

Otro de los relatos tradicionales dice que tiene que ver con una antigua costumbre en que a las jóvenes no se les permitía atender a las visitas y para ello, cuando llegaba alguna, se les enviaba a la cocina a hornear galletas y éstas lo hacían en muchas ocasiones a ‘regañadientes’.
Lo cierto es que la elaboración de este pan es una verdadera tradición ancestral de los pueblos zapotecos, muy probablemente influida por la cultura europea en tiempos de la conquista, pues en España existe también un pan muy similar llamado ‘regañá’ que, se dice, era un alimento muy consumido especialmente por los marineros y conquistadores en la llamada Era de los Descubrimientos.
¿Cómo se preparan las regañadas?
Para la preparación de este bocadillo sólo se necesitan cuatro ingredientes básicos: harina de trigo, manteca, huevo y azúcar. Cada panadero mantiene sus proporciones de ingredientes particulares.
Se mezclan los cuatro ingredientes formando una masa, y ya que la masa está preparada se forman los panes en forma ovalada o triangular, con ayuda de un rodillo y harina, dando algunos dobleces para brindarle la textura crujiente a la pasta, el resultado es una especie de tortilla enharinada.

Una vez que ya se han formado las piezas se les esparce azúcar, unna pizca de carmín, y se meten al horno de barro.
Las regañadas son mucho más que un antojito: son el reflejo de la tradición zapoteca que cobra vida en cada temporada de Semana Santa, cada bocado habla de la historia y los sabores del Istmo de Oaxaca.
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