Bajo el agua. A 73 años de la peor inundación de Tuxtepec

El 80% de la población resultó afectada; aunque aseguran que hubo muertos, no hay registros oficiales

Días después de la inundación, el escenario fue desalentador: casas derrumbadas por la fuerza del agua, calles repletas de montañas de lodo que cubrían las pertenencias de las familias y los pobladores rescataban lo que podían de lo qu e quedó de su patr
Municipios 03/10/2017 11:43 Yuridiana Sosa San Juan Bautista Tuxtepec, Oaxaca Actualizada 08:57

El sábado 23 de septiembre de 1944 el corazón  de este municipio ubicado al norte del estado se detuvo de golpe, luego que el río que atraviesa la población se desbordó y la inundación arrasó con cientos de viviendas, comercios y campos. A 73 años del suceso que afectó aproximadamente a  20 mil habitantes de esta ciudad de la región de la Cuenca del Papaloapa, las viejas imágenes y relatos de quienes lo sufrieron, contadas de  generación en generación, son motivo para que cada temporada de lluvia  los habitantes de la comunidad observen con recelo las aguas del río Papaloapan, que  ahora están contenidas tras muros de concreto.

Las vigilantes del río

Sentada desde un amplio balcón frente al ancho afluente, doña Lidia Fentanes Valdés contempla desde su casa la lluvia de septiembre, como lo hace casi de forma instintiva desde la tragedia que vivió por  tres días   en ese mismo mes negro, pero de 1944.

Con  101 años encima, Lidia tiene entre los labios la misma pregunta  infinita  para  sus hijos.  “¿Cómo va el río?”. Lo cuestiona porque tiene la necesidad de saber  qué nivel  ha alcanzado el afluente y si podrá contenerse. 

La inquietud de Lidia no es gratuita.  Desde principios de mes son días de lluvia en la cuenca del Papaloapan.   Primero fueron las aguas violentas de los huracanes Max y Katia y luego la insistencia  de  las ondas tropicales que este año  no dan tregua con sus lluvias.  

Han pasado 73 años, pero  Lidia expresa miedo con total lucidez. Con apoyo de sus familiares la mujer hila sus recuerdos.  El 23 de septiembre de 1944, cerca de la 1:00  de la madrugada,  se enteró que el río entraba a Tuxtepec. Para las 9:00 de la mañana, el agua alcanzaba el metro de altura y  horas después rebasó  los dos metros e inundó todo a su paso.

Elia Albuerne Fentanes, hija de Lidia, relata que arriba de chalanes (embarcaciones) familiares su mamá, papá, hermano de siete meses, sus abuelos y otras 60 personas más sobrevivieron  a  fuerte corriente del río.

“Ahí, en el chalán amarrado a los pilares de una gran casa, una mujer dio a luz y  decenas más luchaban para evadir muebles y animales muertos”, recuerda.

Siete décadas después Lidia aún conserva una vieja máquina de coser y un antiguo baúl de madera  que rescató del lodo durante la limpieza de su casa, la misma en la que vive desde aquellos años.

Entre juegos en los charcos de las calles, Elia ha pasado toda su vida con la obligación de vigilar el río cuando la lluvia cierra el cielo de Tuxtepec. 

Detrás de su casa una vieja escalera, que data de 1950, conduce a la ribera del río. Ahí es  donde descargaban las pequeñas embarcaciones con productos de Valle Nacional y San Felipe Usila. Durante años sus escalones han sido   el parámetro para medir el ascenso del afluente.

“Crecimos vigilando el río, y viviendo las veladas de los adultos en temporadas de lluvias, principalmente en septiembre”, precisa Elia.

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Recuperar lo que dejó el agua

Hipólito Lascuráin González era un niño de 11 años cuando se enfrentó a la fuerza del río.  “Subimos a la loma, allá donde se conocía como Barrio Alto. Cuando vimos que el agua venía corrimos, nos salvamos, pero a mi casa se la llevó el río”, recuerda el hombre  de 84 años.

 La crecida de las aguas, señala,  les impidió bajar durante el 23, 24 y 25 de septiembre.  “Mis dos hermanos hicieron balsas, ahí la pasamos tres días arriba, haciendo a un lado los animales muertos, hasta que bajó el río”, relata Hipólito.

Días después, el escenario fue desalentador: casas derrumbadas por la fuerza del agua, calles repletas de montañas de lodo que cubrían las pertenencias de la familia. Los pobladores  rescatando lo que podían, luchando por su patrimonio para volver a su vida normal.

Al año siguiente, explica, el río los volvió a sorprender aunque de forma menos cruel. Luego pasaron más de 14 años para que el Papaloapan volviera a transgredir sus márgenes. “En 1958 el agua llegó a las rodillas, y desde ese entonces todo tranquilo”, dice Hippólito Lascuráin  que no oculta su temor ante las lluvias.

Generaciones de desastre

Por lo menos los 15 años posteriores a la inundación, Tuxtepec fue considerada zona de desastre. Los niños que crecieron de 1944 a 1959  lo hicieron en un pueblo que arrastraba las heridas que dejó a su pasó la crecida del río.

De acuerdo con  el historiador Francisco Alonso Ahuja, oriundo de Tuxtepec,  la situación de esta comunidad de la Cuenca llegó a tal que durante ese periodo  los pagos de impuestos tenían descuentos, pues las familias aún no se recuperaban.

Datos recolectados por el tuxtepecano, indican que el 80% de la población resultó afectada y, aunque  los pobladores tienen la certeza que hubo personas muertas, no existen registros históricos ni cifras precisas sobre esas vidas perdidas.  Fue hasta 19 días después de que el río perdió sus márgenes cuando el entonces presidente del país, Manuel Ávila Camacho, llegó a Tuxtepec en una embarcación.

Antes de esa visista oficial, en los días previos, la ayuda llegó  por parte de los estados  vecinos de Puebla y Veracruz, mientras que el gobierno de Oaxaca de ese entonces  “ni migajas” envió, relata el historiador. Para la reconstrucción y reactivación económica de esta ciudad, el gobierno federal instaló la Comisión del Papaloapan, que estuvo vigente  durante casi cuarenta años, de 1946 a 1984.

“Con esta comisión trajeron nuevas formas de cultivo, se reconstruyeron caminos y poco a poco la ciudad comenzó a crecer, a ser otra”, explica el historiador.

Hoy, 73 años depués de que la voracidad del río reventó sus márgenes, Tuxtepec es la segunda ciudad con más población en todo el estado.

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