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El escritor Jesús Cruzvillegas, en su libro Pasos sonideros, dice que fue en 1950 cuando esta tradición nació en barrios como Tepito, Lagunilla y Peñón de los Baños.
En aquellos tiempos hacer una fiesta era muy caro, algo casi inalcanzable para un gran sector de la población. Su solución fue lógica: poner aparatos de sonido en las vecindades y disfrutar, olvidar que la fortuna no solía pasearse por aquellas zonas.
Además de apoderarse de diferentes superficies, algunas de las características principales de estos guardianes de la cumbia son: representar a un barrio, tener un nombre artístico, un logotipo, hablar y enviar saludos entre las canciones: “¡Un saludo para toda la raza del Peñón de los Baños! Vámonos con esta rola matancera que dice y suuuuuena”.
Marisol cuenta: “La Socia hizo muchos bailes, llegó a tocar toda la semana y apareció en discos de acetato, pero no sobresalió por su condición de mujer”.
Según registros realizados por la propia Marisol Mendoza, hay 43 sonideras en México y EU, lo cual representa a menos de 1% de toda la corriente. Creció en el ambiente cumbiambero, fue testigo del apoyo y la participación activa de las esposas o madres de los sonideros. Sin embargo, cuando una chica decidió ser la cabeza de un sonido el respaldo masculino no se vio.
Ella presenció cómo las asistentes también se negaban a bailar si era alguien de su mismo sexo quien ponía las melodías. Eso fue lo que la llevó a formar el colectivo Musas Sonideras, alternativa para dar a conocer las armonías femeniles.

Ella es la primera gay que se sumerge en este núcleo Tíbiri Tábara. “Me ha costado el doble de esfuerzo. Luego dicen: ‘¡Ay, esa vieja ni sabe de música!’ Es difícil la aceptación hacia una mujer y también hacia una persona gay”, afirma.

Actualmente tiene 60 años, se reconoce como alguien impuntual porque le “vale madres”, y prefiere estar en su casa con sus nietos. Para ella, ser sonidera es como intimar con su pareja: “Cuando yo estoy tocando me pasa lo mismo que a una mujer cachonda, me transformo, siento un orgasmo. El micrófono me besa, la música me acaricia y termino bien empapada”.

Lo único que La Cigarrita lamenta es no haber vislumbrado toda su capacidad: “Si cuando era una niña hubiera sabido que ya había una sonidera, yo me hubiera dedicado a esto desde que estaba señorita”.
Actualmente, las sonideras siguen en pie para que sus logros se vuelquen a la victoria; les queda continuar en la manifestación constante, “a veces ignorando los saludos, para mejor pronunciarnos solidarias con las que sufrieron abuso sexual, acoso, con las familias que perdieron a una musa en manos de la violencia feminicida, de un agresor que sigue libre”, manifiesta la promotora sonidera.
Cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública detallan que de enero a diciembre de 2017 se registraron 671 feminicidios. Por otro lado, de 2012 a 2015 al menos 7 mil 649 mujeres fueron asesinadas, violadas, asfixiadas y golpeadas hasta morir sin ser reconocidas como víctimas de feminicidio. Marisol dice que ella presta su voz en nombre de esas hermanas silenciadas.