Adán Augusto López se está volviendo un amlito. Así, chiquito. Rabioso, mentirosillo, bravucón, irritable… pero chiquito. No tiene el empaque político ni la legitimidad del presidente López Obrador. Lo del secretario de Gobernación en las mañaneras es un espectáculo medio penoso que ya había ensayado sin éxito su rival en la candidatura presidencial de Morena, Claudia Sheinbaum: ella fue la primera que experimentó con eso de despojarse de su personalidad para asumir el papel de mala copia del presidente.

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