Salvavidas: trabajo de corazón, pese a carencias

En lo que va del año, voluntarios de Zipolite no han recibido ningún apoyo, pero la playa lleva saldo blanco desde 2019; antes había 5 o 6 ahogamientos al día
Foto: Fernando Miranda
10/02/2020
07:39
Fernando Miranda
San Pedro Pochutla, Oaxaca
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Cinco minutos. Ese es el tiempo máximo que tienen los salvavidas para llegar corriendo desde el lugar en la playa en el que estén, hasta la distancia en el mar en la que se encuentra quien se ahoga. El reto, dice El Águila,  es que la persona resista y no se hunda.

Javier Ortiz Gopar, El Águila, tiene 42 años y es el capitán de los  salvavidas que cuidan la playa de Zipolite, esa franja de casi dos kilómetros de costa famosa porque se tolera la desnudez y que también se conoce por un nombre menos halagador: “la playa de los muertos”, pues por las fuertes corrientes del mar abierto que la bañan, eran muy comúnes los ahogamientos.

Gracias al trabajo de El Águila y otros cinco voluntarios eso ha cambiado. Durante  2019 y lo que va de 2020 esta playa lleva saldo blanco, pese a que casi todo el tiempo las banderas rojas advierten la peligrosidad del mar y a  que casi siempre  son ignoradas por los turistas.

 No se trata de algo menor. En realidad, por la extensión de la playa tendrían que ser 10 los salvavidas que la vigilen, pero actualmente sólo hay seis, quienes se dividen en dos grupos, por lo que al día sólo tres se encargan de cuidar que nadie se ahoge en estas aguas.

Es un trabajo voluntario. Ninguno de ellos  recibe un sueldo y tampoco cuentan con prestaciones, como seguro de vida o seguridad social. Cada que nadan hasta la corriente para salvar a alguien de morir, lo que ponen en riesgo es su propia vida y a cambio sólo reciben un apoyo de mil pesos a la quincena, el cual les prometieron subiría a 2 mil 500, pero que en lo que va del año ni siquiera ha llegado.

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“Entramos desde las ocho de la mañana hasta que se va el sol. Hacemos una jornada muy larga y no tenemos ni una comida. Llevamos dos quincenas que no nos han pagado y estamos sacados de onda,  pues todos tenemos necesidad”.

Este apoyo que reciben los salvavidas, explica El Águila, fue resultado de un acuerdo con el gobierno municipal de San Pedro Pochutla que, a cambio de su labor cuidando Zipolite, se comprometió a entregarles los 2 mil 500 pesos.

“Estamos aquí bajo nuestro propio riesgo y voluntad. No nos han dicho nada, ni siquiera una esperanza. Es un poco cansado porque hemos sacado saldo blanco, no se ha ahogado nadie en  el año; estamos trabajando bien y nos gustaría que el  municipio se comprometiera a tener nuestro apoyo”, dice el capitán, quien renta tablas de surf para sacar algo de dinero extra.

Como él,  otros voluntarios tienen que realizar  actividades para suplir la falta de ingresos. Algunos dan clases de surf o buceo y otros tienen distintos oficios. A pesar de ello, ninguno piensa en abandonar la labor de no dejar morir.


Trabajar con carencias

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Foto: Fernando Miranda

El zumbido del silbato  rompe la tranquilidad y el sonido cíclico de las olas. Suena una y otra vez, y El Águila debe correr por la playa. A unos metros, un policía turístico subido en una cuatrimoto lo espera para que monte en ella y lo lleve lo más cerca que se puede de  donde una persona lucha por no ahogarse.

Unos minutos después, el hombre de cuerpo tostado y cabello largo, aclarado por la sal del mar, regresa a paso lento hasta la torre de vigilancia. Acaba de salvar a una persona  de morir ahogada, el turista sale del agua con apenas unos raspones; sólo fue un susto.

Con casi 30 años de salvavidas, pues comenzó desde los 14 años, El Águila está convencido que las condiciones en las que realiza su labor  tendrían que ser mejores.

Pone como ejemplo las cuatrimotos que, asegura, tendrían que estar al servicio de los salvavidas y no de los policías, quienes muchas veces no saben nadar ni qué hacer ante el riesgo de un ahogamiento. Dice, por ejemplo, que se pierde tiempo en lo que el policía recorre la playa para ir por él y luego llevarlo a donde está la emergencia. Además, también les faltan aletas, boyas e incluso silbatos. Pero sobre todo, un ingreso que sea seguro.

El grupo de salvavidas de Zipolite tiene 22 años de vida. Nació  en 1998  cuando un representante  de Estados Unidos,  Joaquín  Venado, recorrió la Costa de Oaxaca formando equipos de de este tipo. Además del que coordina El Águila, también nacieron el de Puerto Escondido y el  de Salina Cruz.

“Estamos capacitados para certificar jóvenes. Ahora  quienes trabajan en restaurantes, ellos mismos dejan su trabajo y se avientan al rescate. Tienen esa reacción porque se les ha capacitado para cuidar al turismo”, dice El Águila, quien asegura que hace esto de corazón y que al mar hay que tratarlo con respeto.

“Antes se morían al día. Diario eran cinco o seis ahogamientos; al ver tanta gente muerta sí te duele. Por cada persona que se ahoga, se van 50. Ahora ya sólo se le quedó el nombre ‘de los muertos’, pero es una playa muy segura”, afirma.

EL UNIVERSAL buscó la postura  del  gobierno de Pochutla, pero  no hubo respuesta.

 

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