Uso del agua, el lado oscuro tras el “boom” de la industria del mezcal en Oaxaca

El crecimiento de este sector ha dejado una serie de problemáticas ambientales en el estado, advierte legisladora local; en 2019 se usaron más de 128.7 millones de litros de agua para producir esta bebida en el estado

Uso del agua, el lado oscuro tras el “boom” de la industria del mezcal en Oaxaca
Foto: Mario Arturo Martínez
Sociedad 11/01/2021 13:08 Juan Carlos Zavala Oaxaca Actualizada 11:47

Oaxaca de Juárez.— Si hay una industria que ha despuntado con gran éxito en Oaxaca  esa es la del mezcal, pues el estado pasó de producir  758 mil 810 litros y concentrar  77.4% de la producción en 2011, a generar  6.4 millones de litros del destilado, que  representan 90.1% del total  producido en todo México en   2019, de acuerdo con  el Consejo Regulador del Mezcal (CRM) en su informe de 2020. 

En otras palabras, nueve  de cada 10 litros de mezcal mexicano nacen de tierras y manos oaxaqueñas. 

Pero detrás de esta boyante industria, en Oaxaca se esconde una actividad altamente dañina para el medio ambiente  y que tampoco garantiza el desarrollo de los pueblos y comunidades originarias donde se produce, por lo que es momento de señalar que el mezcal en la entidad   está lejos de ser un producto sustentable,   ambiental, social o económicamente, advierte Elena Cuevas Hernández, diputada local de Morena. 

Con base en el diagnóstico de la  Cadena Valor Mezcal, elaborado por el Comité Estatal de Planeación para el Desarrollo (Coplade), la legisladora explica a EL UNIVERSAL   que los productores de mezcal ocupan 20 litros de agua  y siete kilogramos de leña por litro de mezcal, por lo que,  en  promedio,  para  cada lote de 300 litros de mezcal  se requieren   6 mil litros de agua y    2 mil 100 kilos de leña.

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Según  estos datos, aplicados a  la producción reportada por el CRM, en 2011, cuando se produjeron  980 mil 375 litros de mezcal en todo el país, específicamente en los estados con denominación de origen, la estimación del uso de agua  ascendió a 19.6 millones de litros. Para 2019, esta cifra se incrementó a 142.9 millones  de litros de agua,  pues se produjeron 7.1 millones de litros de la bebida. 

En el caso de Oaxaca, la entidad pasó de utilizar 15.1 millones de litros de agua en 2011  a requerir  128.7 millones del líquido; mientras que la leña necesaria para esa producción pasó de  5.3 millones a   45 millones de  kilos.

 En el caso de la elaboración tradicional del mezcal,  el agua se usa tanto para el riego del maguey  como para el proceso de enfriamiento para destilado; mientras que la leña se usa en el horneado de las pencas. 

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“Podemos imaginar cuánta  agua y leña se utiliza para la producción de mezcal en el estado. Algunos municipios ya están prohibiendo o controlando la extracción de leña, como es  el caso de Santa Catarina Minas o Sola de Vega”, detalla  la diputada. 

Cuevas Hernández  puntualiza  que el problema es que estos dos municipios de la Sierra Sur tampoco dan alternativas que sustituyan el uso de  la leña, por lo que,  ante  la gran demanda de la bebida, algunas marcas de mezcal de ambas comunidades están comprando de contrabando la leña, para cumplir con  la demanda.

Otra de las problemáticas  ambientales derivadas de esta industria,  que crece a pasos agigantados,  es la falta de manejo adecuado de los residuos, como el caso de las pencas, las cuales se dejan pudrir en el campo después de rasurar las piñas,  y la falta de tratamiento de las vinazas que sobran después de la destilación, pues la diputada advierte que  la mayoría de las veces se convierten en contaminantes del suelo debido a su  alto pH.

 De acuerdo con  la diputada,  estudios realizados por estudiantes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO)  revelan que la industria mezcalera produce efluentes altamente contaminantes denominados vinazas, que  requieren tratamientos adecuados para evitar que impacten negativamente al medio ambiente.

Entre las características de estos contaminantes, como pH 3-4, elevado contenido de sólidos, alta demanda bioquímica de oxígeno, así como  presencia de compuestos orgánicos recalcitrantes, está que  suelen ser muy dañinas para los suelos y cuerpos de agua donde son vertidas; mientras que  la emisión de partículas, gases contaminantes y residuos sólidos o líquidos  dificultan el saneamiento  de los ecosistemas.

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Foto: Mario Arturo Martínez

A  esto se suma el gas metano que producen, mismo  que contribuye al calentamiento global. Para Elena Cuevas,  estas son sólo algunas de las prácticas que dejan a la cadena productiva del mezcal “mal parada respecto al desarrollo sustentable”.

De acuerdo con la legisladora, existen marcas de mezcal desarrolladas por comercializadores que se encuentran muy bien posicionadas en el mercado nacional e internacional y que  informan a sus consumidores que son sustentables porque  siembran agaves y preservan la biodiversidad. Lo anterior, asegura,   sólo   se trata de una acción de control de aprovisionamiento de materia prima que todas las empresas realizan para no perder su producción.

“Sembrar maguey no hace sustentable a las marcas. Por ley, por cada agave que extraen se deben sembrar dos. Si plantan otros ocho es solamente aprovisionamiento de materia prima. Esto,  en lugar de ayudar, perjudica. En las regiones oaxaqueñas donde la siembra de agave es centenaria, los estudios han mostrado que en terrenos con altas pendientes ha contribuido al creciente proceso de desertificación, lo que contradice la posición común que considera el agave como antierosionante”.

Aunque Elena Cuevas reconoce que algunos productores  están cambiando prácticas, asegura que no son más que una veintena de comercializadores o promotores.  

Recalca que  el hecho de que una marca esté certificada no garantiza que sea un mezcal sustentable, sino que cumplió con los procesos de elaboración que establece la norma.

...Y efectos sociales

Pero lo ambiental no es la única dimensión en la que se observan  impactos  negativos, también  existen en  lo social y   económico. Elena Cuevas asegura que son pocas las marcas  que invierten en costeos  para pagarles precio justo a los productores. Ante ello,  expresa que es necesario investigar a  las marcas y  su apoyo a las comunidades, a la reforestación, y al manejo de residuos sólidos.

“Hace falta mucho por hacer con  maestros mezcaleros y  comercializadores, pero sin excluir al consumidor,  que debería exigir que el mezcal que consume  sea responsable  con  el ambiente, con la comunidad y  que  pague  precio justo. Mientras que  la Secretaría del Medio Ambiente, Energías y Desarrollo Sustentable  (Semaedeso) debe implementar  programas sobre la ecoeficiencia de los residuos que emanan de la industria mezcalera”.

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