Desestiman equinoccio en Monte Albán

Sociedad 21/03/2018 13:27 Ismael García Oaxaca Actualizada 16:04

Actividad sísmica de septiembre dañó dos edificios del complejo zapoteca, sin mayores consecuencias

Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

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Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

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Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

Don Anastasio optó por sentarse a la sombra en el momento crucial. Su blanca piel ha resistido cuatro décadas de intenso sol en la zona arqueológica más importante de Oaxaca y Mesoamérica, Monte Albán, donde vende sus artesanías.

Pero este martes no quiso exponerse más, pese a que estaba en el sitio más alto de la antigua urbe zapoteca; ni siquiera por el equinoccio de primavera, estación anual que de acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional, ingresó a las 10:15 horas.

Sin ritual

Sol a plomo en la cima del macizo, que rodea a la capital de Oaxaca por su parte suroeste. Desde las nueve de la mañana, cientos de turista y reducidos grupos de escolares llegan para llenarse de energía.

Como el del jardín de niños “Sor Juana Inés de la Cruz” de la capital, con su directora a la cabeza, Elizabeth Lorenzana.

Ella y una treintena de chiquillos salieron por primera vez de la rutina de celebrar la primavera con música y disfraces, para emprender la recuperación de la cultura ancestral. Sin embargo:

“Traíamos todo, niños con ropa blanca, penachos, yerbas para rituales como la albahaca y el pirú, pero no nos dejaron entrar con eso, porque está prohibido”, dice.

Pudo ingresar con sus chiquillos, miraron al sol y recibieron los rayos en límpido cielo, pero retornar para realizar su práctica ancestral, que incluyó el sonar los caracoles, instrumento que se utiliza en las comunidades para llamar a alguna actividad, sea religiosa o de trabajo comunitario.

Escaso interés

Ese grupo y algunos pocos turistas más se interesaron en extender los brazos al sol, en el momento del equinoccio. Pese a la alta afluencia de visitantes, pocos se dedicaron a recibir la energía solar, que se cree es de mayor intensidad al momento del cambio de estación.

Entre ellos, el matrimonio de los norteamericanos formado por Amy y Joseph Hendrigsman, originarios de Kansas City, Missouri.

“Vivimos desde hace 14 meses en Oaxaca, nos gustó, pero principalmente por la labor de ministerio religioso que llevamos a cabo en la Costa, en Huatulco. Venimos a disfrutar de Monte Albán porque es precioso. De hecho a otros familiares ya les ha interesado venir, porque les hemos hablado de la ciudad, de su riqueza, de todo”, dice ella.

“Es un lugar hermoso que todos deben conocer, no solamente Monte Albán, sino muchos lugares”, tercia él, mientras se pierden entre pirámides y juegos de pelota.

 

Daños sin consecuencias

Monte Albán fue una de las ciudades más importantes de Mesoamérica; fue fundada aproximadamente en el año 500 antes de Cristo sobre la cima de una montaña en el centro de los Valles Centrales de Oaxaca y fue capital de los zapotecas desde los inicios de nuestra era hasta el 800 después de Cristo.

En 1932, el arqueólogo Alfonso Caso descubrió la tumba número siete, con importantes tesoros, que hoy se exhiben en el Museo de las Culturas, a un costado del templo de Santo Domingo de Guzmán de la capital. El 11 de diciembre fue declarado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad; comprende una poligonal de dos mil 78 hectáreas en cuatro municipios: Santa Cruz Xoxocotlán, Oaxaca de Juárez, Santa María Atzompa y San Pedro Ixtlahuaca.

De acuerdo con el arquitecto José Luis Tenorio Rodríguez, encargado conservación del sitio, durante el sismo del 7 de septiembre de 2017, se dañaron varios edificios, dos de ellos de manera importante, el A y el Juego de Pelota, que actualmente fueron apuntalados y no representan riesgos para los visitantes.

 

Expone que pese a ello, no ha disminuido la afluencia de turistas; según la dirección del sitio de Monte Albán, durante el fin de semana unas dos mil personas acudieron al lugar.

Visitante distinguido o asiduo es don Anastasio Morales, originario de la localidad de Arrazola, Xoxocotlán, donde también se dedican a la venta de artesanías de madera conocidos como alebrijes.

Lleva más de 40 años de vender piezas de barro, copias de los vestigios. Don Anastasio no se desespera. Ve pasar el sol. Ve pasar a los turistas. Desde un resquicio de un edificio antiguo, ofrece sus piezas. A veces se vende uno, a 150 pesos, a veces no, “pero qué le vamos a hacer”, dice.

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