Banda Reyes, la música pervive 5 generaciones

Esta familia se dedica al oficio desde antes de la Revolución; de su acervo de 500 piezas, las sacras y fúnebres están en riesgo

Foto: Edwin Hernández
Sociedad 17/11/2019 17:51 Fernando Miranda San Pedro Ixtlahuaca, Oaxaca Actualizada 15:30

Mario Reyes no puede decir un año exacto. Lo único que saben  él y sus hermanos,  Victorino y Rufino, es que la música de viento ha sido parte de su familia desde  los tiempos de su tatarabuelo, José Reyes, antes de la Revolución Mexicana.

Con 74 años, Mario es el mayor de siete hermanos, de los cuales los cuatro varones, como casi todos los hombres de la familia Reyes, tomaron el camino de las partituras y las notas desde muy pequeños. Es lo que han hecho siempre.

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Él y sus hermanos  las aprendieron de su padre Alfredo y de su abuelo Lorenzo. Así es como los sonidos de los instrumentos de viento  perviven en esta familia: músico viejo enseña a músico joven, platican entre risas.

Acostumbrados a la memoria, los Reyes no tienen otra forma de reconstruir su pasado musical más que confiando en lo que recuerdan que les contaron los abuelos, que a su vez les fue transmitido también por la palabra, hasta llegar a un momento en el pasado  donde los recuerdos ya no alcanzan.

Y la tradición oral muere en el tiempo.

Aún así, han logrado rastrear los orígenes de su apellido hasta los años 1600, cuando el tronco de los Reyes, junto con otros de las familias principales del pueblo, las más viejas de esta comunidad de raíces zapotecas, defendieron sus tierras de un cacíque de la región.

Ellos ganaron y el triunfo quedó plasmado en un documento antiguo en poder de la familia, donde se narra esta disputa  encabezada por “los indios de Ixtlahuaca”. Lo que no dice el papel, es si entonces ya se dedicaban, entre la  pugna por  tierras, a vivir de la  música.

Pese a ello, saben que su herencia no puede ser otra si no las notas  que han tocado siempre y que sus propios hijos varones ya han adoptado como forma de vida.

En el caso de Mario, sus tres hijos y sus tres nietos ya han pasado por esta banda familiar; en el caso de Victorino, de 69 años, son dos hijos y dos nietos, mientras que Rufino, de 60, sólo tiene un hijo en la banda, pues sus nietos aún no tienen la edad para incorporarse.

No basta el talento. “Necesitas trabajar por el sustento, si quieres ser borracho, sé músico”, recuerda Mario que le decían cuando a los 12 años decidió que seguiría la tradición familiar. Pero, aunque ser músico se ha entendido más como  un pasatiempo que como  una forma de ganarse la vida, en el caso de los Reyes  la entrada no es sencilla, ni tener el apellido basta.

La música es como una familia

Cuando uno de los hijos o nietos  decide que es momento de formar parte de la banda familiar, lo primero que tiene que hacer es tomar un método de enseñanza compuesto de 58 lecciones, las necesarias para aprender solfeo y leer los mensajes encriptados en las partituras y los pentagramas. Lo demás sólo se trata de talento, que a los Reyes no les falta.

Mario, por ejemplo, sabe tocar el barítono, la trompeta y el clarinete. Victorino, la trompeta,  saxofón alto y clarín, mientras que Rufino domina la trompeta y el trombón.

El encargado de impartir las lecciones a quienes aspiran a integrarse a la banda familiar son los responsables de la banda, que pueden durar por varios años hasta que “entregan” y entonces todos los integrantes vuelven a elegir a un responsable, quien, además de las lecciones, tiene la responsabilidad de amarrar los contratos y  de convocar a los ensayos.

 “La música es como una familia, no dejas de estar hablando. Puedes estar sacando una pieza y compartirlo, así es la comunicación del músico”, cuenta Victorino.

Actualmente son dos los que llevan a cabo dichas actividades, pues con 17, se trata de la primera vez que la banda cuenta con tantos integrantes, lo que les permite contar con tres trompetas, tres clarines, tres trombones y una tuba, entre otros instrumentos.

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Foto: Edwin Hernández


La pérdida.

“Ya es puro ruido, pura música carnavalera”, dice Victorino sobre la pérdida que actualmente se vive de los sonidos tradicionales, como la música sacra o las marchas fúnebres, las cuales se han ido olvidando en el tiempo porque la misma gente ya no las pide.

Victorino recuerda, por ejemplo, que fue   hace como cinco años cuando les pidieron por última vez que acompañaran el sepelio de un difunto con las notas de una marcha fúnebre. De su catálogo familiar, que está compuesto por unas 500 piezas, calculan, unas 60 son piezas fúnebres cuyas notas podrían desaparecer.

—¿Ya no los contratan para acompañar  los sepelios?
—Sí, pero ahora lo que piden son jarabes y chilenas, se perdió lo solemnidad del difunto y ahora es como una fiesta, dice este músico de seis décadas, que incluso reconoce que hay piezas fúnebres y sacras que él ya nunca tocó.

No es lo único que se ha perdido. Aunque dice que nunca se han quedado sin tocar y que diciembre es su mejor mes, con hasta cuatro tocadas por semana, explica que ya son pocos quienes aceptan pagar 7 mil pesos por un día de música.

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Foto: Edwin Hernández

Otro problema es el surgimiento de más agrupaciones. De ser la única banda del pueblo, por ejemplo, pasaron a existir cinco, la mayoría integrada por músicos sin tradición. Son a esas a las que Victorino se refiere como “carnavaleras”.

“Cuando uno sale, es el nombre del pueblo el que va adelante, luego pregunta de dónde somos y dicen ah, es la banda de San Pedro. Es un orgullo”, explica Mario sobre ese prestigio comunitario, otra de las pérdidas que ha traído el tiempo a quienes como ellos viven de dar cuerpo a los sonidos.

Los hermanos calculan  que hasta hace 20 años, ser músicos era la forma en la que ellos hacían tequio al pueblo, tocando en eventos cívicos y religiosos, y excluyéndolos de cooperaciones o de cumplir con cargos como policías o mayordomos,  algo que incluso les dejó el apodo de Moleros, pues en cada festividad a la que asistían se les servia mole como platillo.

Lo único que ha traído la modernidad, bromean, es que ahora también los contratan candidatos.

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