“Un concierto de dignidad”

Sociedad 23/04/2018 16:49 Christian Jiménez Oaxaca de Juárez, Oaxaca Actualizada 17:08

La Orquesta Sinfónica “Santa Cecilia” dio un recital en el teatro “Macedonio Alcalá”, junto al coro de la Fundación Air France

Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

“Este concierto es sobre todo un acto de dignidad humana. La meta es la belleza de la armonía de las voces y la pasión artística, pero también perseguimos la meta de que en este concierto se exprese la belleza del espíritu humano solidario”.

Así lo consideró el sacerdote José Rentería, creador y uno de los impulsores de la Escuela de Música “Santa Cecilia”, de pie frente al público que asistió al recital en el teatro “Macedonio Alcalá”, en la capital de Oaxaca.

La presentación fue el preámbulo de una noche en la que el talento joven de la Villa de Zaachila conquistó a propios y extraños, quienes fueron testigos de la iniciativa que ha cosechado frutos, a pesar de que germinó a orillas del basurero municipal.

Regresaron a casa. Los niños y niñas de la Orquesta Sinfónica “Santa Cecilia”, que nació en la agencia Vicente Guerrero, ofrecieron un segundo recital acompañados del coro de la Fundación Air France, tras presentarse en el auditorio “Blas Galindo” del Centro Nacional de las Artes (Cenart), en la Ciudad de México.

Vencieron el reto en la gran ciudad, aseguró en entrevista con EL UNIVERSAL, el director de la escuela musical de la zona oriente de Zaachila, Camerino López. Agregó que pese a haber vendido sólo el 75% de la taquilla, el grupo de pequeños músicos regresó triunfante y fortalecido tras haber demostrado sus capacidades. Luego de la actuación, algunos resultaron becados, pero la felicitación y la victoria fue para todos.

eh21042018008.jpg

En la capital oaxaqueña, el escenario estaba listo; antes de dar paso a la interpretación del coro francés con La Pequeña Misa Solemne, de Gioachino Rossini, Isabelle de Boves, la piloto que se sumó a la causa del párroco José Rentería y el músico y director de la escuela Camerino López, anunció las novedades.

Recientemente se adquirió un predio donde se erigirán aulas para recibir más niños, además de un taller de laudería. “Les quiero dar las gracias a todos los que compraron su boleto para apoyarnos”, dijo.

La piloto y corista reconoció también la labor de los padres de familia de los niños que asisten a clases, para apoyar la manutención del proyecto. “Quiero asegurarles que cada peso que se recauda hoy, se va directo al comité de padres, no hay intermediarios”, señaló y agregó que los coristas costearon sus propios viajes para que el dinero se destinara en su totalidad a la escuela.

Así llegó el momento del concierto, las voces de la soprano Elodie Fonnard, la mezzo soprano Célia Stroom, el tenor Rogelio Marín y el barítono Marduk Serrano, se impusieron en el escenario capitalino e hicieron armonía con el coro de Air France, regalando una hora y media de emociones a la audiencia.

Al culminar la primera parte del concierto, el telón bajó anunciando que pronto los pequeños talentos llegarían a escena a hacer lo propio. El intermedio pasó en un abrir y cerrar de ojos y de pronto, el telón volvió a alzarse para que, bajo la batuta de Vladimir Medina, los niños y niñas interpretaran la Quinta Sinfonía, de Beethoven.

Los aplausos no se hicieron esperar, el público perdió el decoro y se puso de pie para ovacionar a los músicos que ensayaron sin parar por cuatro meses. Acompañados del coro integrado por 80 cantantes, interpretaron Le cantique, de Jean Racine.

eh21042018007.jpg

La noche del sábado alcanzó su máximo esplendor cuando los niños dominaron las notas del Danzón Nereidas, del zaachileño Amador Pérez Torres, Dimas, pieza elegida como un tributo a la tierra que los vio nacer y donde a diario entregan su corazón a la música.

El recital cerró con broche de oro, el coro extranjero cantó con maestría el Dios nunca muere, de Macedonio Alcalá, con el acompañamiento musical de los pequeños que volvió a poner de pie al público que coreó y ovacionó hasta el fin el llamado “himno de los oaxaqueños”.

Al grito de “Viva Zaachila””, el concierto culminó entre aplausos para los maestros, músicos y activistas que hicieron posibles las presentaciones recientes, además del reconocimiento para los niños que con su disciplina y talento están cambiando la realidad de la zona donde habitan.

Comentarios