“Durante el ciclo escolar busqué muchas maneras de sacar el trabajo con los niños, que el rezago no fuera agudizándose. Hice todo lo posible para ayudarlos, porque el asunto económico fue lo que más afectó para cubrir el enorme gasto de internet, no todos cuentan con teléfonos ni conectividad. La primera etapa logré mantener a todos, pero desde enero noté desánimo, empezaron a desertar y terminé con seis niños conectados de un total de 21. Era de las que decían que era urgente regresar a clases presenciales”, explica.
Dos días antes de presentarse a su centro de trabajo para comenzar con la primera reunión de organización, se hizo la prueba de antígenos a recomendación de su médico, después de que su esposo presentara síntomas. Salió positiva, lo que cambió su manera de pensar.
“Esto me vino a cambiar todo, porque sin saberlo pude regresar a clases, el peligro que hubiera metido a mis compañeros y alumnos. Por eso creo que no es viable regresar en estas condiciones de altos contagios. Además, creo que es necesario que todo el personal de las escuelas se realicen las pruebas antes de regresar, para evitar brotes”, propuso la maestra.
De acuerdo con el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, este 30 de agosto regresarán a clases presenciales 447 escuelas privadas, es decir, un 85% de ellas; mientras que sólo un 25% de las escuelas públicas, 2 mil 686, volverán a las aulas. Todas ellas abarcan desde educación inicial hasta secundaria.
“Miedo”, es lo primero que dice la maestra Liliana Suárez cuando se le pregunta qué piensa sobre el regreso a clases. La directora de primaria en una comunidad rural del distrito de Juchitán señala que todos en su escuela tienen miedo, pero buscan superarlo por la gran crisis educativa que atraviesan. Una ventaja que tuvo su escuela fue recibir recursos del programa La escuela es Nuestra, lo que ayudó a construir lavabos cerca de las aulas para que los niños puedan lavarse las manos.
La decisión de regresar a las aulas en su comunidad, dice, dependerá de los padres de familia, del dictamen que emita el centro de salud de la población, de tener un protocolo de prevención, pero sobre todo, de la voluntad de los profesores de regresar a pesar del miedo.
“Creo que se nos dio toda la protección para regresar, nos vacunaron primero sobre otra población, tenemos seguro médico y de vida. Se pueden buscar estrategias para sacar el trabajo, es cuestión de voluntad. Quizás lo que falló de parte del gobierno fue lanzar la orden 15 días antes, cuando debió socializar el tema desde junio. Las escuelas regresarán dependiendo de sus propias condiciones”, concluyó.
A diferencia de la maestra Liliana, el profesor bilingüe Martín Sánchez se divide entre regresar o no. Su primera posición se basa en la necesidad de recuperar un año perdido, porque muchos alumnos tienen un grave retraso en lectura y escritura, la segunda porque su escuela no cuenta con las condiciones para recibir a más de 200 niños con un solo baño, a eso se suma el miedo a los contagios.
“Estoy dividido en sentimientos, quiero regresar, urge regresar, pero la escuela no cumple las condiciones necesarias. Con decir que sólo contamos con un baño, así cómo. Nuestra escuela se sigue reconstruyendo después del sismo. La decisión de regresar a las aulas quedará en el consenso que se realizará a partir de la próxima semana”, comentó el educador vía telefónica.