Después que los gobiernos de países europeos, como Portugal, España, Francia, Italia y Alemania les empezó a cerrar la puerta a migrantes de China o de naciones africanas, como Senegal, Burkina Faso y Mali, chinos y africanos voltearon sus miradas hacia Estados Unidos.
“Si desde Tapachula, Chiapas, en los autobuses turísticos le cobran dos mil dólares a un cubano para trasladarlo a la Ciudad de México, ese mismo viaje le cuesta el doble a un africano y el triple a un chino”, denunció García Villagrán.
Desde mediados de 2022, esta ciudad ha atestiguado la diferencia en los flujos migratorios entre africanos y chinos, con los venezolanos o los centroamericanos. Mientras los primeros se hospedan en hoteles y comen en restaurantes, los otros piden dinero y comida en las calles.
Mientras los africanos y chinos visten ropa de calidad y viajan solos o en parejas; los venezolanos, haitianos y centroamericanos piden zapatos, vestidos y cobijas, y andan en familia, con uno, dos o tres hijos.

Los migrantes “pobres” caminan desde Tapachula hasta Juchitán, sobre la carretera Panamericana y, a pesar de que son pobres, en el camino les roban o extorsionan lo poco que juntan al vender sus casas o negocios, los migrantes "ricos" pagan en dólares lo que cueste un servicio fúnebre.