
Desgastados económicamente, los migrantes llegan al campamento provisional de San Pedro Tapanatepec, donde reciben sus permisos y con el poco dinero que les queda tras pagar el derecho de peaje por 10 puntos de revisión en 300 kilómetros de carretera, abordan el autobús de pasajeros, con el permiso de tránsito en la mano y pagan el boleto hasta Juchitán.
En el viaje de Tapanatepec a Juchitán, un recorrido de dos horas por una carretera recta de 110 kilómetros, coinciden venezolanos, cubanos y nicaragüenses, además de algunos africanos y los vecinos de Guatemala, Honduras y El Salvador. Desde Juchitán, con sus documentos en regla, tienen la opción, según su ruta guiada, de seguir por Oaxaca, la capital o hacia Veracruz.
Los menos, quienes esperan el envío de dinero de sus familiares desde el territorio estadounidense, se quedan unos días en Juchitán, donde con pedazos de cartón en el pecho, anuncian que son venezolanos y piden desde el crucero principal de la ciudad, el apoyo económico para continuar el camino hacia el norte.
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