Jóvenes ñuu savi de Oaxaca impulsan la ciencia de los hongos

Especiales 29/07/2018 12:11 Fernando Miranda San Esteban Atatlahuca, Oaxaca Actualizada 10:22

Habitantes jóvenes Atatlahuaca impulsan un proyecto para que el saber tradicional de estos recursos se convierta en un atractivo comunitario

Cuando Belén Bautista Quiroz habla sobre los hongos la sonrisa se le desborda del rostro. Esa sonrisa amplia aparece una y otra vez, cada que  sube a los bosques de San Esteban Atatlahuca, en la Mixteca Alta de Oaxaca, a recolectar ejemplares silvestres que nacen a más de 3 mil metros de altura.

Ahí, entre abetos de 300 años, la sonrisa de Belén se repite cada que la joven ñuu savi de 18 años logra identificar  algún “ji'i”, como se le llama en su lengua a los hongos. Cuando localiza algún ejemplar lo primero que hace es mirarlo con cuidado, con un semblante serio que dura apenas unos segundos, después la sonrisa estalla con fuerza y Belén recita  de  memoria el nombre científico y la taxonomía del ejemplar:

 —Éste es del género amanita porque tiene el sombrerito, tiene el velito  en la patita y cuando lo colectamos tenía una bolba abajo. Ese es un indicador del género.

 Belén sigue hablando. Dice que dentro del “sistema bosque” los hongos son los que forman toda la capa de comunicación. Asegura que  esa capa, que puede medir miles de kilómetros y que se extiende a través de las raíces, es el verdadero hongo y lo que sale de la tierra sólo son sus frutos. 

“Los árboles son los que absorben todos los nutrientes del ambiente, el agua, la fotosíntesis y al final generan carbohidratos que  le entregan a los hongos, éstos en agradecimiento por la comida sirven como un canal para equilibrar el bosque. A este proceso se le llama micorrización: mico es hongo y riza es raíz. Esta es sólo una de sus funciones”, describe.  

Tras la explicación sólo queda asentir. Ninguno de los acompañantes de Belén duda de sus palabras. No lo hacen porque desde 2015  esta joven, junto con su hermana Oralia, de 20 años, han emprendido una cruzada para impulsar el conocimiento científico de los hongos  y en San Esteban Atatlahuaca no hay quien sepa más del tema que ellas.

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Crecer en el bosque

La vida de Belén y Oralia siempre ha estado ligada a los bosques y al territorio. Así lo asegura Belén cuando cuenta que tenía 15 años  en el momento que  inició  formalmente su aventura con los hongos.  Explica que fue hasta que conoció a la ingeniera Alicia Rojas Velasco cuando comenzó  a mirarlos  más allá del conocimiento tradicional.

Antes de ello Belén, junto con otros compañeros del Cecyte 24 al que asistía, había incursionado en la creación de un biocombustible, elaborado  con 60% de aserrín y 40% de papel reciclado, materiales a los que mediante decantación le extraían los contaminantes para obtener la celulosa. El resultado era una especie de rollo de papel aglutinado al que nombraron bioleña.   

Gracias a este primer proyecto, Belén se acercó a la ingeniera, quien ya tenía experiencia en el estudio de los hongos de la región. Tres años después, Belén y Oralia encabezan el Grupo Etnomicológico de la Mixteca, uno de los dos proyectos de su tipo que hay en el país y el único en Oaxaca.

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La finalidad del grupo, explican las jóvenes,  es que  el conocimiento tradicional que por más de 600 años ha existido en la región  Mixteca  sobre estos recursos forestales se revalorice, se  sistematice y así pueda  transformarse en un atractivo para que su comunidad genere ingresos económicos.

  —Esta actividad tiene que dar paso a que la gente se vaya relacionando con el conocimiento científico de los hongos, para que se vaya abriendo  más allá  de  lo tradicional, para que sepamos más de los recursos de  nuestra comunidad, dice Belén.

 La forma en la que el grupo ha ido alcanzando estos objetivos es diversa, desde la planeación de una feria de hongos silvestres, que este fin de semana celebra su tercera edición, hasta la creación de vínculos con instituciones de educación superior que las han guiado en los caminos de la etnomicología, una disciplina enfocada a revalorizar los saberes ancestrales de los hongos, pero fortalecidos con una mirada científica. Justo lo que hoy hacen  Belén y Oralia.  

Para lograrlo  las instituciones con las que poco a  poco ha trabajado en red incluyen al  Instituto Tecnológico Superior de San Miguel el Grande, la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad de Chapingo y, principalmente, el Colegio de Postgraduados, que les han permitido incursionar de lleno en la etnomicología.

Como resultado de esos esfuerzos, los cinco integrantes del grupo, que además de las hermanas incluye a la ingeniera Alicia Rojas y a otras dos personas,  han logrado catalogar 49 de las 250 especies de hongos que nacen en los bosques de Atatlahuaca,   los cuales incluyen 32 variedades  comestibles, 15 tóxicas y dos  medicinales. Del resto sólo conocen su género y para tener su plena identificación deben tomar pruebas, hacer análisis de ADN, investigación molecular y otros estudios en laboratorio. 

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Revalorizar los saberes

Escuchar hablar a Belén sobre los bosques y los hongos es un deleite. Sus palabras se hilan con una claridad que emociona y contagia   la pasión que siente por los recursos y las más de 600 mil  hectáreas de  bosques  que se extienden en  su territorio.

Con esa seguridad narra que hasta antes del surgimiento del Grupo Etnomicológico de la Mixteca los conocimientos que tenían los ñuu savi sobre el tema eran completamente empíricos y “se transmitían de generación en generación”.

  —Se iba transmitiendo si un  hongo era malo, porque se murió tal persona por comerlo, así eran los conocimientos aquí en la Mixteca y  en el municipio —explica.

A pesar de ello, Belén dice que fue gracias al grupo que sus integrantes se dieron cuenta de que inconscientemente saben muchísimo de los hongos, y que lo que les faltaba era incursionar en la parte técnica. 

—Desde muy chiquita yo jugaba con los hongos, tenía siete años  y ya sabía cuáles se comían, como muchos niños que conocen sus recursos. Todos sabemos cuáles se pueden comer, pero no sabemos  por qué unos sí y otros no, o cuál es su función en el ecosistema —asegura. 

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La fiesta del bosque

De acuerdo con Jesús Pérez Moreno, investigador del Colegio de Postgraduados, México es el segundo centro genético de hongos más importante del mundo, lo que le brinda oportunidades en un sector comercial internacional valuado en billones de dólares anuales.  

Esta riqueza fúngica también es destacada por Oralia Bautista, la hermana de Belén, quien asegura que en los bosques de San Esteban Atatlahuaca nacen algunos ejemplares que por su aroma o presentación llegan a tener   precios exorbitantes, pero  que en la Mixteca siempre han formado parte de la vida comunitaria. 

—Hay hongos que se veneran por ser sagrados, por ejemplo, los  de Cuaresma que nacen en abril, y que son indicadores de que va a estar buena la temporada, esos  son comestibles —describe.

Otras de las variedades que nacen en la región es el hongo de aguacate o  la    yema de huevo, una especie dorada conocida como amanita caesarea que se destinaba para alimentar a los césares. 

Precisamente ese potencial es el que quieren despertar para Atatlahuaca los integrantes del grupo etnomicológico, pues consideran que será una fuente de desarrollo económico para esta comunidad ubicada a una hora de Tlaxiaco.

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Bajo ese eje, desde hace tres años  Belén, Oralia y los otros integrantes del grupo, con el respaldo de la asociación Promixteca y las autoridades comunales de Atatlahuaca han organizado una feria anual a la que  han llevado chefs y capacitadores para que enseñen a la población a aprovechar de mejor manera los hongos en platillos y conservas, así como a especialistas que explican la forma idónea de colectarlos del bosque sin causar daño.

El resultado ha sido tan positivo  que el año pasado la Feria de los Hongos Silvestres atrajo a más de mil personas que disfrutaron de las actividades programadas, mismas que incluyen a la comunidad, toda vez que las mujeres son capacitadas para que durante el evento instalen 12 cocinas comunitarias que ofrecen distintas variantes gastronómicas para consumir los hongos.

Así mismo las jóvenes buscan que representantes de la Secretaria de Turismo (Sectur) y la UNESCO reconozcan el valor de su actividad, con la finalidad de conseguir apoyos económicos que permitan la permanencia de la feria.

Por lo que, incluso, las autoridades comunales ya desarrollan un proyecto ecoturístico que tiene como eje los bosques y los hongos, donde incluso se planea construir tres cabañas con áreas comunes en 100 hectáreas de propiedad comunal en medio del bosque.

—Lo hicimos para que la comunidad lo apropiara y dijera: “Esta es nuestra fiesta del bosque”. La autoridad abrazó el proyecto y ahora nosotros seguiremos en el estudio de los hongos, pero la actividad se queda para ellos, dice Belén, quien está convencida  que los hongos “son recursos nobles que no nada más quitan, también dan a los otros, esa reciprocidad nos falta como seres humanos”, concluye.

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