Centro ceremonial mixteco que pervive entre las ruinas

 Habitantes de Nochixtlán aún le llevan dádivas al Rey Le al centro ceremonial donde se han encontrado vestigios de la cultura mixteca

Municipios 12/02/2020 10:33 Actualizada 10:33

Cada primer día del año     habitantes de Santiago Mitlatongo caminan a lo alto del cerro donde se encuentra un centro ceremonial mixteco dedicado al Rey Le,  donde le llevan    dádivas y le piden salud, trabajo y  bienestar;  también llegan hasta ahí para cargarse de energía. Incluso, han venido a visitarlo “políticos de los que están muy arriba”, relata Abel López Benítez, uno de los pobladores.

El santuario está formado por montículos de piedra que, probablemente, eran la cimentación de algún edificio prehispánico y ahora estos mismos forman una espiral escalonada.

El Rey Le, según habitantes de Nochixtlán, era un valiente y audaz guerrero, pero, entre risas, también lo reconocen como alguien tramposo que hasta se “pasaba de listo”.

En la historia de este soberano encuentran una explicación al fenómeno natural que en septiembre de 2011 hizo que la tierra se abriera, que brotara agua del subsuelo e inundara todo su pueblo, lo que los obligó a abandonar el lugar que habitaban ancestralmente.

Santiago Mitlatongo está ubicada en la región Mixteca, rodeada de sus  montañas. Su  nombre en lengua originaria es: Ñuu Andaya, que traducen al español como “pueblo del infierno”, mientras que el nombre Mitlatongo es una palabra náhuatl que lo traducen al español como “lugarcito de los muertos” o “lugar de los muertitos”.

El agente municipal, Samuel Gregorio López López, cuenta que los reyes de los señoríos cercanos y también sus hijos  eran traídos hasta esta localidad  para que aquí fueran enterrados.

Un día, narra la leyenda, el Rey Le fue a Santiago Tilantongo a visitar a su gran amigo el Rey Ocoñaña  para proponerle llevar el agua a sus pueblos desde la laguna de San Pedro Tidaá, con la autorización del rey de este pueblo. Los dos reyes cavaron por debajo de la tierra para conducir el agua hasta sus poblados, pero el Rey Le engañó a su amigo y llevó el agua directamente a Santiago Mitlatongo.

El cansancio y la desesperación por no llegar a Santiago Tilantongo hicieron que el Rey Ocoñaña saliera a la superficie para saber qué estaba ocurriendo, su sorpresa fue darse cuenta que su amigo lo había engañado.

Algunos cuentan que el rey de San Pedro Tidaá, al enterarse, decidió no darle agua a ninguno de los dos reyes y  desvió el curso del río fuera de Santiago Mitlatongo; otros dicen que fue el Rey Ocoñaña quien desvió el cauce subterráneo como castigo, haciendo un nudo en la punta del cerro para detener la corriente.

“Ésta fue la causa de que se formara una gran laguna debajo de Santiago Mitlatongo”, afirman algunos de sus habitantes.

Otros más dicen que la causa fue el agua que se acumuló en lo alto del cerro, donde se cree que hay cuevas y lagunas en el interior de esa montaña.

Por ello, relatan que los abuelos habían advertido desde  mucho antes que algún día Santiago Mitlatongo se hundiría en agua, pero ellos imaginaban que  caería desde la punta del cerro, “nunca que brotaría debajo de la tierra”.

Decepcionado de su amigo, el Rey Ocoñaña decidió volver a Santiago Tilantongo, mientras el Rey Le fue a pedirle a una sirena, que había sido “encantada con oro y plata”, que cuidara el agua de su pueblo y, como agradecimiento, ella podía vivir ahí. La sirena aceptó, con la condición de que no la dejara sola, por eso el Rey Le dispuso que un toro y un guajolote la cuidaran.

En las narraciones recientes, después del hundimiento de Santiago Mitlatongo a causa de una falla geológica, los pobladores explican que la comunidad tuvo un crecimiento en todos los ámbitos, pero se fueron olvidando del Rey Le, dejaron de llevarle ofrendas y de recordarlo como acostumbraban  cada año.

Al sentirse abandonado, Le fue con la sirena y le pidió que soltara el agua poco a poco. Ella le pidió reconsiderar su decisión porque no debía castigar así a su pueblo; sin embargo, él ya lo había dispuesto de esa forma.

Entonces, la sirena que resguardaba el líquido comenzó a dejarlo salir y, conforme pasaba el tiempo, empezaron a ocurrir derrumbes,   surgieron   grietas en la tierra, hasta que el pueblo se hundió.

En el centro ceremonial del Rey Le  los habitantes también han encontrado grandes ollas con grabados de la cultura mixteca. Hasta ahora, la gente sigue subiendo el cerro, como cada año, para llevarle  ofrendas y pedir por ellos.

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