El cártel de Tláhuac compró mandos capitalinos y federales

Héctor De Mauleón

Tras el operativo en que resultó abatido Felipe de Jesús Pérez, El Ojos, líder del Cártel de Tláhuac, autoridades federales recibieron informes de que la operación del grupo criminal continuaba intacta. La línea de mando había recaído en hijos y sobrinos del narcotraficante.

Se detectó también que la estructura delictiva había entrado en un proceso de confrontación interna. Las ejecuciones registradas luego de la muerte de El Ojos —ocurrida en julio de 2017—, probaban que en aquella delegación capitalina había una guerra declarada.

La Policía Federal tuvo acceso a informantes que revelaron que Uriel Isaac “N”, El Cochi, había quedado a cargo de recolectar el dinero de la extorsión y del narcomenudeo, con el apoyo del jefe de sicarios Edgar Beltrán Vázquez.

Uriel Isaac, sin embargo, había desaparecido. Trabajo de campo realizado en la delegación por agentes encubiertos, indicó que El Cochi se había ido de la Ciudad de México. Aparecía solo para realizar los cobros, y la mayor parte del tiempo operaba por teléfono.

Un narcomenudista aprehendido por las autoridades reveló que desde los tiempos de El Ojos el Cártel de Tláhuac había establecido nexos importantes con el Cártel del Golfo (CDG). Según los reportes, el grupo de Tláhuac recibía envíos de droga procedentes del sureste, y se encargaba de moverlos hacia la ciudad de Reynosa.

En los últimos meses del año pasado, la búsqueda de El Cochi se centró en el norte del país.

La Policía Federal pudo averiguar que el operador financiero viajaba a la capital del país una o dos veces al mes, recolectaba el dinero de las dos actividades fundamentales del grupo (narcomenudeo y extorsión a comerciantes), “se reportaba” luego con los mandos del cártel (seis millones de pesos al mes), y volvía a desaparecer durante semanas.

La investigación detectó que Uriel Isaac tenía dos casas de seguridad, una en Álvaro Obregón y otra en Iztacalco. Comenzó un esquema de vigilancia fija. Al mismo tiempo se ubicó otro domicilio en la ciudad de Monterrey.

El Cochi vivía en un fraccionamiento discreto. Cambiaba de vehículo cada quince días (siempre camionetas de lujo). Se movía en compañía de dos escoltas. Gente del Cártel del Golfo le brindaba seguridad cuando estaba en Monterrey.

Según el informe consultado por el columnista, el dinero de la droga viajaba de regreso a la Ciudad de México por carretera. El dinero recolectado por Uriel Isaac era entregado a un sobrino de El Ojos, apodado El Fercho.

El pasado 11 de enero las autoridades realizaron un operativo simultáneo en los tres domicilios detectados. Ese día, agentes de la Policía Federal se reunieron en la 7ª Zona Militar con personal de la Sedena y de la PGR. Decidieron solicitar el apoyo de GAFES acantonados en Tamaulipas, previendo que su objetivo estuviera custodiado por el Cártel del Golfo. A las dos de la mañana seis camionetas salieron rumbo al fraccionamiento en que habitaba el operador financiero.

Uriel Isaac contaba solo con la protección de uno de sus escoltas. Cuando entraron por él, ya estaba esperando a los agentes hincado y con las manos en la nuca.

Su relación con El Ojos tenía diez años de antigüedad. El Cochi trabajaba en el IMSS: se encargó de dar de alta a varios empleados que laboraban en los negocios del líder criminal. Terminaron haciéndose amigos. En 2014 abandonó su empleo.

El Ojos lo comisionó como encargado de pagar la nómina a las autoridades que le daban protección. Uriel Isaac llevaba la relación con jefes y comandantes de la Secretaría de Seguridad Pública, la Policía de Investigación, la PGR y autoridades delegacionales, de acuerdo con el reporte consultado.

Entre sus tareas se hallaba también la compra de armas que la policía capitalina había asegurado. El reporte indica textualmente que su tarea consistía “en dejar dinero en todas las líneas y niveles de mando”.

Le aseguraron dos teléfonos y un iPad cargados de información.

Debe haber gente que no respira tranquila en Tláhuac desde el pasado 11 de enero. Las autoridades federales aseguran que pronto habrá nuevos avances relacionados con la investigación.

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