Pandemia obliga al éxodo a músicos de Oaxaca; falta de espacios para actuar los empuja a migrar

El tenor Jeser Gatica se vio obligado primero a volver de la CDMX a Oaxaca y luego a irse a Los Cabos, en busca de oportunidades para seguir con su carrera; otras han tenido hasta que vender sus instrumentos

Pandemia obliga al éxodo a músicos de Oaxaca; falta de espacios para actuar los empuja a migrar
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Más de Oaxaca 24/03/2021 08:33 Christian Jiménez Oaxaca Actualizada 08:33

Oaxaca de Juárez.— Además de paralizar los espacios culturales, la pandemia por Covid-19 silenció a los músicos oaxaqueños, quienes en diferentes escenarios compartían su pasión por el público; muchos de ellos  tuvieron que emigrar para buscar una oportunidad que le diera un nuevo tono a su carrera musical.

Tal es el caso del tenor Jeser Gatica, quien en 2019 se dio a conocer a nivel internacional por ser el primer cantante de ópera oaxaqueño en presentarse en el Cairo Opera House,  Egipto. Actualmente,  busca conquistar los escenarios de Los Cabos, Baja California Sur, lugar  a donde tuvo que irse ante los estragos de la emergencia sanitaria por el Covid-19.

En entrevista con EL UNIVERSAL, el cantante relata que antes de que la pandemia obligara a cerrar los espacios, trabajaba para el Sistema Nacional de Fomento Musical, en concreto,  para el Ensamble Escénico vocal, desde agosto de 2019.

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La pandemia propició que su contrato durara únicamente un año, pues por algunos meses pudo colaborar con el proyecto de manera remota.

“Después me llegó una carta de agradecimiento y despedida, al igual que a otros tres compañeros, diciendo que no había presupuesto suficiente para nosotros”, apunta. La situación fue similar para todos los cantantes, lamenta, pero fue más duro para aquellos que, como él, abandonaron sus estados de origen para establecerse en la Ciudad de México en busca de una carrera en la música.

“Ante la imposibilidad de costear nuestros gastos, tuvimos que regresar a nuestro lugar de origen. Yo regresé a Oaxaca y aunque tenía un techo, no estaba haciendo suficiente. Estuve dando clases unos meses pero, ante los riesgos de contagio, tuve que suspender”, cuenta.

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Jeser, quien estudió canto en el Centro Musical Ollín Yoliztli y ofreció conciertos con decenas de músicos en la Ciudad de México, Oaxaca y Baja California, entre otros, señala que,  de  la misma forma que él,  muchos de sus compañeros se quedaron sin empleo, por lo que se vieron forzados a incursionar en el comercio informal y  a vender sus instrumentos.

Tras intentar subsistir, abandonó el plan de permanecer en territorio oaxaqueño, para mudarse a Los Cabos, donde pensó reiniciar su carrera, tal como lo hizo a los 17 años, cuando se mudó a la Ciudad de México cautivado por la idea de estudiar ópera.

 “Trabajé limpiando casas, fui cuidador de ancianos, fui a un restaurante a pedir empleo como mesero, luego de ver el anuncio en EL UNIVERSAL, pero no me querían contratar por ser menor de edad. 

“Yo les dije: ‘Soy oaxaqueño, sé trabajar, le echo ganas y se tocaron el corazón y me dieron empleo”, relata.

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Jeser llegó a Los Cabos en diciembre pasado y,  tras cuatro meses de permanecer allá, el panorama aún no es claro, pues se ha enfrentado a las dificultades de un nuevo contexto y del semáforo epidemiológico que congela y descongela los sitios dedicados al entretenimiento.

“En este momento no hay nada seguro. Llegué aquí con incertidumbre pero con la esperanza de encontrar algo, sobre todo porque no es tan mal pagado como el sureste del país y en este momento todos los músicos y cantantes estamos en crisis”, apunta y agradece a las personas que le han tendido la mano durante este periodo de adaptación.

Aunque no ha tenido que recordar los oficios que aprendió durante su adolescencia para subsistir, reconoce que ha sido muy difícil hacerlo a través  de la música. 

A principios de marzo, Los Cabos activó el semáforo epidemiológico amarillo, que permite los espectáculos que requieren de instrumentos de viento, así como la voz.

Además de las dificultades propias de la emergencia sanitaria, el oaxaqueño ha tenido que enfrentarse a una dinámica distinta de trabajo que no conocía. 

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“Por ahora,  la ópera está suspendida y mi proyecto de supervivencia es buscar ceremonias, eventos, bares o restaurantes dónde cantar”, dice.

Para ello, está montando un nuevo repertorio, pues su estilo musical, hasta antes de mudarse, constaba de música tradicional oaxaqueña y mexicana, mientras que en el norte del país, comenta, es algo  común que se cante música moderna,  así como canciones en inglés.

Aunque hasta el momento no ha tenido presentaciones al público,  Jeser mantiene la esperanza a través de la motivación de sus compañeros músicos, quienes encuentran en la ópera y en la voz del oaxaqueño una chispa que podría cautivar a propios y extraños.

Mientras tanto, cuando grababa un spot musical que será entregado a su futura representante, fue invitado a cantarle a las ballenas, que por ahora están de paso en el Mar de Cortés y el Océano Pacífico.

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