Crisis agobia a estudiantes de secundaria-internado en Oaxaca

El plantel, en el municipio Reyes Mantecón, atiende en condiciones precarias a 272 becarios; la mayoría hijos de campesinos
Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL
12/09/2018
11:55
Ismael García
Oaxaca de Juárez, Oaxaca
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La pareja de campesinos regresó tras sus pasos. Dejó con nostalgia a su vástago de 11 años, traído desde Candelaria Loxicha, a unas seis horas de la capital, para internarlo en la escuela secundaria.

“Dios quiera que estudie bien, que le eche ganas; nos costó mucho dinero su inscripción, mil 200 para traerlo acá, pero ojalá que se supere”, dicen con consuelo.

Heriberto y su hermana, que cuidará del menor en fines de semana cerca de la capital, tienen la esperanza de que Mario sea un profesionista. Los demás chamacos se quedaron en el pueblo.

Pero no saben que en la secundaria, ubicada en la localidad de Reyes Mantecón, vivirá entre chinches, colchones viejos, aulas en condiciones precarias y con 30 pesos para los tres alimentos diarios, así como siete pesos de “domingo”. Es la condición en que permanece el internado Escuela Secundaria Técnica 14.

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“Ya no sabemos qué hacer, estamos preparando protestas, toma de oficinas, para que nos hagan caso”, dice el director Bulmaro Martínez Hernández, quien egresó de ese plantel.

Pero, sobre las malas noticias y también por sobre las normas, hay una buena en la escuela: por primera vez en su historia tiene a 17 mujeres albergadas, provenientes de lejanas comunidades.

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Herencia del “tata”

La secundaria está a punto de cumplir ocho décadas; fue fundada por el general Lázaro Cárdenas y de 1938 a 1960 funcionó como escuela práctica de agricultura; de 1960 a 1969 fue sede de la Escuela Normal Rural Moisés Sáenz, que formaba maestros.

De 1969 a la fecha funciona como internado; cuenta con amplias y antiguas instalaciones que incluyen áreas para la siembra de básicos, de crianza de cerdos y de vacas lecheras. Atiende actualmente a 272 becarios, que pasan todo el año en la escuela, y 120 externos, quienes salen a diario al término de las clases. Los primeros pagan una cuota anual de mil 200 pesos y los segundos de mil pesos.

Por primera vez, “incluso en contra de la normatividad y tomando en cuenta las necesidades de la población”, este año iniciaron clases 17 niñas internas.

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“La oficialidad no quiere, pero lo hicimos aun en contra de la norma, aunque nos vuelvan a meter a la cárcel; lo que se busca es que haya equidad de género y oportunidad para todos”, dice el director.

Los internos se levantan a las cinco y media de la mañana; al 10  para las siete ya deben estar en los salones, una vez hecho el aseo de las instalaciones y el propio; a las ocho y media desayunan y  terminan clases a las dos y media. A las cuatro tienen talleres de banda de guerra o deportes, como lucha libre; a las siete y media cenan, posteriormente estudian y se duermen a las 10 y media de la noche.

Tienen en la semana ocho horas de tecnologías de la alimentación, agricultura, ganadería y apicultura, pero en estos últimos en salones en condiciones precarias; en algunos casos se anegan durante la temporada pluvial.

Provienen lo mismo de la Sierra Sur que de la Sierra Juárez o la Cañada, la Cuenca, los  Valles Centrales y la  Mixteca.

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Primera revuelta

Pero el grave problema es el mínimo presupuesto. A principios de diciembre de 2014, los menores causaron una revuelta en el interior y se atrincheraron en los salones para exigir al gobierno estatal como al federal mayor asignación de recursos; en el caso de la alimentación, que cuando menos pasara de 30 a 35 pesos por alumno.

La crisis terminó en una asignación presupuestal de 12 millones de pesos, de los cuales más de 4 millones se canalizaron a rehabilitar aulas; el resto, el gobierno federal optó por meterlo al esquema de Escuelas al Cien; sin embargo, debido a que la Sección 22 del Sindicato Nacional  de Trabajadores de la Educación (SNTE) se ha opuesto, tardó en ejercerse el recurso.

“Las necesidades eran fuertes y al final los padres de familia acordaron en que el dinero se aplique a la construcción de una clínica, que se quedó a medias”, expone el profesor Bulmaro.

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“Son humanos, son oaxaqueños, tienen los mismos derechos que cualquier gente, no entiendo por qué nos discriminan; necesitamos una cancha techada, que reparen la alberca, que se arregle la lavandería, porque 15 centavos por alumno para lavado de ropa, no alcanza”, señala.

La esperanza

 “Cuando fui alumno, nos daban uniforme, pantalón, camisolas, camisetas, ropa interior, calcetines, zapatos, ahora no; los padres tuvieron que acordar cuotas, para sobrevivir”, agrega.

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“Nos tienen abandonados, nadie nos visita. Quisiera que el gobierno de Murat volteara, quisiera que el gobierno federal volteara. ¡Cuando menos, que vengan a conocer cómo está nuestra escuela!”, suplica.

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