Desde hace más de 30 años, los habitantes de la comunidad de La Ventanilla han preservado y protegido uno de los santuarios de cocodrilos que existen en las costas de Oaxaca, y con el apoyo de científicos y especialistas, crearon un modelo de turismo biocultural sustentable y de conservación.

Con su trabajo comunitario, esta población del municipio de Santa María Tonameca, protege no sólo a estos animales silvestres, también a su hábitat que alberga a cientos de especies de flora y fauna.

José Ernesto Ruiz López, del Centro de Formación Ambiental “Pitao Peeche”, explica que este modelo nace a partir de la veda de la tortuga y representa un proceso en el que las comunidades pasaron de ser depredadoras de las tortugas y cocodrilos como principal actividad económica, a ser conservadores con una visión que con los años también significa actualmente uno de sus principales sustentos económicos.

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A finales de 1960, entre tres y cinco familias de Santa María Tonameca se asentaron en La Ventanilla para el uso agrícola de las tierras en las inmediaciones de la laguna costera, principalmente para la siembra de maíz y frijol; actividad que complementaban con la pesca, la venta de huevos de tortuga, la caza y la venta de sus excedentes agrícolas.

Desde entonces, existía un rastro de una empresa española que compraba las tortugas y cocodrilos con el fin de exportar sus pieles y carnes a mercados como Japón, Estados Unidos y Europa. Y por muchos años, fue la principal fuente de empleo en la región.

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Foto: Especial
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“Lo que pasa es que nos dedicábamos al campo. Y si no tenías cómo sobrevivir, tenías que trabajar de jornalero y ganabas 10 pesos, 20 pesos al día, ¿para qué te servía?

“Sin embargo, si encontrabas cuatro nidos de huevos de tortuga y los vendías, que ya estaba más o menos a 100 pesos el ciento, ya sacabas 400 pesos en una noche. Ya rebasaba la cantidad de toda la semana, hasta para 15 días”, cuenta Agustín Reyes Sánchez, miembro de la Sociedad Cooperativa de Servicios Ecoturísticos de La Ventanilla, que dio origen a este modelo de protección de desarrollo sustentable y de protección del cocodrilo y la tortuga.

Trabajaban para la empresa habitantes de las comunidades que abarcan desde Río Seco hasta Lagunas de Chacahua, como La Pastoría, Chacalote, Puerto Escondido, Mazunte y Zipolite, La Portuaria, Santa María, quienes capturaban las tortugas, y la vendían al rastro. “La empresa se dedicaba a vender la piel. Porque la piel la exportaba y después exportó también la carne”.

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El 31 de mayo de 1990, el gobierno federal decretó una veda total que prohibía la explotación de las tortugas y cocodrilos, que debido a la sobreexplotación provocó el descenso en las poblaciones de estas especies y en el caso de la tortuga, en peligro de extinción.

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El decreto causó un impacto económico entre la población, porque era su principal fuente de ingresos el trabajo en el rastro, y también la venta de huevos de tortugas. Una de las soluciones que encontraron fue la de ofrecer servicios como paseos a los visitantes o turistas, palapas y restaurantes, entre otras alternativas. Esto, a partir de reuniones que sostuvieron con autoridades estatales y federales.

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“Ellos convocaron una reunión para buscar quiénes podían trabajar la parte de la comunidad del Mazunte para buscar nuevas alternativas. Todo el mundo se empezó a organizar, tuvimos a los restauranteros en la playa, otros que hacían cabañas y hasta cosméticos naturales.

Foto: Especial
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“Ventanilla nunca se separó, y nosotros al ver todo eso, yo me acerqué con otro compañero y preguntamos de qué se trataba el asunto y entonces nos dio la idea idea de formar una cooperativa”.

En 1995 la comunidad realizó su primera reunión para constituir una cooperativa que ofreciera servicios turísticos, y en 1997 se constituyeron formalmente con seis miembros de la población.

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“Porque el reto era, si tú fuiste saqueador, hoy vas a convencer a la gente que vamos a proteger, pues obviamente es un reto bastante fuerte”, apunta Agustín Reyes.

Pese al esfuerzo de la comunidad, persisten las amenazas

Sol Guerrero Ortiz, subcoordinadora de la autoridad científica de la Convención Internacional que Regula el Comercio Internacional (CITES) de México en la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), sostiene que el trabajo realizado en Ventanilla es la valoración de los recursos y este cambio de ser depredadores a ser actores para su protección y conservación del cocodrilo.

Este cambio, explica, ocurrió a través de reconocer el valor intrínseco de las especies, generar un valor cultural y también un valor económico.

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Por eso, afirma que el proyecto de la Ventanilla a través del ecoturismo ha encontrado una herramienta muy práctica y útil para el aprovechamiento sustentable, legal y trazable de las especies; y también es una vía para el desarrollo rural sostenible.

“Cuando hablamos de sustentabilidad es asegurarnos que el aprovechamiento que se hace no impacte negativamente a las poblaciones, respetando mucho los niveles naturales de repoblación de cada especie”, dice.

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Aún con el trabajo comunitario, los cocodrilos están bajo amenaza, pero no por la caza como en la década de los setentas, para la industria peletera, sino por la pérdida de hábitat. La fragmentación del hábitat, la pérdida del hábitat y el desecamiento de cuerpos de agua, son la principal amenaza.

“Si tenemos una pérdida de hábitat, no solo es el cocodrilo, también se van a ver afectados todas las otras especies que ahí viven y a final de cuentas también a nosotros, los humanos”.

Una de las estrategias de conservación, apunta, son la Unidades de Manejo Ambiental (UMA) con la que se protege un área específica, se pueden aprovechar ciertas especies y con el ingreso económico de ese aprovechamiento continuar protegiendo el hábitat.

Foto: Especial
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Además, recalca, el cocodrilo es una especie “sombrilla” porque al protegerlo se protege a cientos de especies de flora y fauna.

El modelo comunitario

Gabriel Cruz Morales, asesor y responsable técnico de la Cooperativa de Servicios Ecoturísticos de La Ventanilla, destaca la parte cultural y organizativa que tiene Oaxaca, desde sus pueblos originarios y desde otras formas de ver e interpretar al mundo desde sus usos y costumbres.

“Es una estrategia pareciera así, a lo cual no se ocupa buena la palabra, no no es la adecuada, pero son estrategias locales que después de mucho tiempo les podemos decir que son sustentables”.

El especialista miembro de la Conabio, agrega que en La Ventanilla tienen un promedio de 20 nidos de cocodrilos al año y cada nido tiene alrededor de 30 huevos y si eclosionan todos, son unas 600 crías; pero la realidad, señala es tienen más nacimientos de cocodrilos al año que podrían superar los 800.

Y resalta que dentro de las dinámicas poblacionales, el cocodrilo también entra en la cadena alimenticia porque es comido por peces, garzas, tejones, mapaches.

Foto: Especial
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Pero también, asegura que es falsa aquella información que habla de sobrepoblación de esta especie o de cualquier otra dentro de un ecosistema. “El ecosistema solamente va a aguantar el tamaño o la cantidad de ejemplares que pueda tener en ese espacio para vivir y para y alimentarse ahí. Entonces, se van regulando las poblaciones”.

El cocodrilo, parte de la identidad cultural

Para la directora del Centro Mexicano de la Tortuga, Edda Carolina González del Castillo, en la evolución del ser humano en la costa de Oaxaca con los animales, desde el principio, los cocodrilos y las tortugas fueron detectados como una fuente de identidad, cultura y de alimento.

Los huevos de ambas especies, su piel y su carne, el consumo de huevo de tortuga y de la piel de la tortuga, forma parte de tradiciones, canciones, bailables, este parte,

“Lo que sucede es que se abusó de su consumo y de la forma de hacerlo. Pero hasta antes del 31 de mayo de 1990, la tortuga era una especie de pesquera más legal y ante su merma se declara la veda permanente el 31 de mayo de 1990”.

La bióloga explica que el decreto de veda fue un proceso social de conciencia de cuidar y proteger la fauna.

En el caso del cocodrilo se veía como algo amenazante o como un monstruo y en realidad también históricamente ha habido todo un respeto como algo emblemático. “Lo tenemos hasta en lugares lejanos de los humedales de las costas, grabados, tallados, hay bailes, ceremonias”.

Pero resalta que el cocodrilo está en la parte más alta de la cadena trófica: limpian los ecosistemas, trituran el alimento para otras especies y consumen este animales más lentos o enfermos, y eso es depurar, porque da paso a la herencia genética más sana. Además las excretas de los cocodrilos vierten nutrientes a los ecosistemas.

En la época de secas hacen sus recorridos casi normalmente con agua, pero en secas eso favorece el intercambio entre los cuerpos de agua y ayuda a otras especies, manglares y peces.

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