En San Juan del Río, “en un descuido entró la desgracia… se fueron muriendo uno tras otro”

El temor no es menor, pues según los cálculos de la autoridad municipal, en este pueblo suman más de 400 personas contagiadas, de las cuales 14 siguen hospitalizadas

En San Juan del Río, “en un descuido entró la desgracia… se fueron muriendo uno tras otro”
Foto: Edwin Hernández
Municipios 11/02/2021 11:38 Oaxaca Edwin Hernández y Fernando Miranda Actualizada 11:38

San Juan del Río Choápam.- A esta hora, todas las puertas de San Juan del Río siguen cerradas. Pasan de las 10 de la mañana, pero a primera vista parece que todo el pueblo duerme. Pero no, no duerme, resiste. Ha pasado poco más de un mes desde que un baile popular para celebrar al Divino Niño Jesús detonó un brote del virus que mantiene paralizado al mundo y en la comunidad, los pobladores se mantienen en férreo aislamiento, desde el que apenas miran cuando alguien llega de fuera. 

Se trata de un pueblo viejo. Las casas de concreto que se alinean por las calles principales que nadie recorre, así lo demuestran. Lucen desgastadas, carcomidas por un tiempo que desde que la epidemia comenzó a propagarse parece que no fluye. La escena se repite en el edificio que alberga la agencia municipal, en la clínica del pueblo y hasta en las parcelas.

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El temor no es menor, pues según los cálculos de la autoridad municipal, en este pueblo que ya vivía asolado por la violencia arraigada en la frontera entre Oaxaca y Veracruz, suman más de 400 personas contagiadas, de las cuales 14 siguen hospitalizadas. 

“En un descuido entró la desgracia. Ahora quién sabe cómo se va a poner, hasta a dónde va a llegar, porque se puso brava la cosa, se detiene un rato y comienza otra vez”. El que habla es Jaime, habitante de esta comunidad, la más grande del municipio de Santiago Choápam, al norte de Oaxaca. 

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Foto: Edwin Hernández

Mientras recorre el cementerio donde se han sepultado al menos a siete de las víctimas del brote, Jaime explica que la vida en el pueblo está detenida, y a penas algunos cuantos campesinos salen a vigilar la siembra. Él es uno de ellos, no se puede dar el lujo de descansar. –¿Qué otra cosa se puede hacer?–, pregunta.

“Ahorita no ves raza en el pueblo, está cerrado. Las tiendas están cerradas. No quieren que nadie ande sin cubrebocas porque se complica la cosa”.

Jaime dice que es mentira que la gente creyera que el virus no existía o que no se cuidara. Dice que les llevaron líquido para manos desde antes del brote, lo que pasó con el baile al Divino Niño Jesús, insiste, fue un descuido que se ha pagado con vidas cercanas. 

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En su caso, Jaime narra que hace apenas una semana que sepultó a su tía, una persona mayor que no resistió la enfermedad. La mayoría de los muertos, agrega, han sido como ella, personas de la tercera edad y la cifra oficial ya va en 14.

"Ya se había calmado, estaban tres familias que estaban enfermas. Pero cuando se fueron muriendo, fueron uno después de otro. Tres familias se fueron. Se fue la tía, el tío, el sobrino, la mujer y el marido. Todos se fueron. Abandonaron la casa. Ya no existe”, lamenta. 

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Foto: Edwin Hernández

Aunque Jaime dice que tras el llamado de auxilio en aquella carta donde la autoridad amenazó que de no recibir apoyo, todos los enfermos se irían a morir a la ciudad de Oaxaca, el gobierno estatal sí llegó a sanitizar y trajo medicinas, asegura que no alcanzaron, pues eran muchos los contagiados. 

“No alcanzó el medicamento que trajeron, eran muchas personas, querían salirse de ahí. Hay compas que todavía están tendidos, ojalá que los salven, porque cuando cae uno, ahí va el otro”, lamenta.

Es por esa razón que Evegisto Gamboa Díaz, el presidente municipal de Choápam, viajó unas nueve horas a la capital, pues aunque dice que la situación ya está más tranquila y de las 50 pruebas aplicadas sólo unas 20 salieron positivas, sabe que la emergencia no ha terminado y busca adquirir medicamentos y víveres, pues insiste que ahora el temor es que llegue el hambre, pues los proveedores de alimentos no están entrando a San Juan del Río. 

“Les voy a llevar víveres y medicamentos como Diclofenaco, Paracetamol, Naproxeno, Claritromicina y Moxifloxacino, para el centro de salud; más cubre bocas, gel y sanitizante. También dotaremos a otras seis comunidades con bombas de motor para sanitizar”, dice EL UNIVERSAL, con la convicción de evitar otro brote como el que mantiene en silencio a San Juan del Río y que alcanzó a un tercio de sus mil 200 habitantes.

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