Tras muerte de Ta Mariano, último xuaana’ antiguo de Juchitán, rescatan ritual de casamiento zapoteco

Con Mariano Bruno, el último casamentero de Juchitán, murió el último códice vivo que resguardaba en su memoria un ritual repleto de arcaísmos zapotecos del siglo XVI

Tras muerte de Ta Mariano, último xuaana’ antiguo de Juchitán, rescatan ritual de casamiento zapoteco
Foto: Cortesía
Sociedad 21/02/2021 11:15 Roselia Chaca Oaxaca Actualizada 11:15

Juchitán.— A Mariano Bruno la muerte lo sorprendió en el ocaso de la vida, a los 82 años. Fue el último xuaana’ (término que se le da al anciano zapoteca  casamentero que otorga las bendiciones a los novios en una boda) de  Juchitán  que se sabía el discurso ceremonial antiguo conocido como “libana”.  Con él  murió el último códice vivo que resguardaba en su memoria un ritual repleto de arcaísmos zapotecos  del siglo XVI.

Mariano   Bruno López Nicolás murió de vejez el 9 de febrero.  Fue un conocido xuaana’ de la Quinta Sección de Juchitán que aprendió el oficio  de manera formal,  es decir, tuvo un maestro que lo obligó no sólo a memorizar  el discurso ceremonial  que se dice en  un  matrimonio en la casa, frente al altar familiar, sino que aprendió a pronunciar   palabras arcaicas zapotecas, que sólo  los antiguos sacerdotes sabían.

Ta Yanu Bruno, como era conocido Mariano,  era una especie de sacerdote indígena que recitaba  casi cantado los mitos  de la creación zapoteca que vienen descritos en el discurso ceremonial matrimonial, en donde recuerda la presencia del Dios sol,   pidiendo bendiciones y protección para la nueva pareja a la deidad  zapoteca Xunaxido’, Diosa de la vida y la muerte.

El historiador y lingüista zapoteca Víctor  Cata fue el único que logró recopilar el ritual ceremonial que usaba  Mariano Bruno, porque ninguno de sus hijos quiso seguir con el oficio de xuaana’, así que con él murieron el discurso y la palabra antigua. 

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El especialista en la lengua zapoteca,  además de aprenderse  de memoria el  libana,  grabó el ritual para tener la pronunciación arcaica, esto con la finalidad de no dejarlo morir y en algún momento difundirlo nuevamente entre los jóvenes y niños.

El anciano jamás aceptó que  Víctor Cata sólo pretendiera  recopilar la información del discurso antiguo para un trabajo   académico, así que —al ser un familiar cercano—  insistió en heredarle los conocimientos rituales, eso incluía ademanes y toda la teatralidad que conlleva  la bendición matrimonial.

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Foto: Roselia Chaca

“Al ser mi tío,  me acerqué con toda la confianza para documentar el libana, que significa,  a secas,  ‘discurso’. Mi preocupación hace 15 años era estudiarlo, porque ya casi no se decía o los que lo decían se estaban muriendo y no había un registro. Ese era mi interés al principio, pero él,  al verme cercano,  creyó que quería ser xuaana’, pensó que quería heredar el oficio que no siguieron sus hijos, así que me decía: ‘Cuando digas labini zigado’, pronúncialo bien, como yo lo digo, y levanta tu dedo índice de tu mano derecha y señala el cielo’.  Me enseñó todo” comentó el también  escritor bilingüe.

Así como lo había pronosticado  el historiador, el discurso antiguo murió hace unos días junto con Mariano Bruno, por lo que tiene la intención de  difundirlo  entre niños y jóvenes, entre los xuaanas que lo quieran utilizar en las bendiciones.

Aunque en Juchitán aún siguen existiendo los xuaanas, éstos ya no se saben el libana;  algunos sólo hacen la teatralidad frente al altar,  pero en español o  en un zapoteco moderno.

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“Es importante señalar que la figura del  xuaana’ sigue existiendo en Juchitán, pero no son los que lo aprendieron de un maestro que se sabía la palabra antigua, la que posiblemente decían los principales sacerdotes prehispánicos. En otros pueblos,  como Tehuantepec,  se mantienen los xuaanas, pero  están ligados a la religiosidad, a los barrios, no a la ceremonia matrimonial, por eso sostengo que con la muerte de Mariano Bruno se va el último códice vivo que tenían los zapotecas de Juchitán.”

Para Víctor Cata, los xuaanas eran códices vivos que atesoraban en la mente un discurso con   ritmos, rimas, cadencia y melodía. Eran una especie que él clasificó como “libro-voz” que  repetían  viejas fórmulas rituales para adorar a los dioses. Y que ahora  ya no están.

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